Con profundo espíritu de fe y comunión, los agentes pastorales de la Parroquia Santa Mónica realizaron su peregrinación hacia la Puerta Santa de la Catedral Metropolitana San Sebastián, donde participaron en la Eucaristía presidida por Mons. Óscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba. Durante su homilía, el prelado dirigió un mensaje cargado de esperanza, amor y sentido cristiano de la vida.
Inspirado en las lecturas proclamadas, el Arzobispo destacó el mensaje del profeta Isaías, anunciador del Dios que es “amor, paz, justicia, libertad y verdad”, y del Dios que es principio y fin. Recordó que todo este tiempo jubilar invita a reconocer que la esperanza nace del amor de Dios derramado en los corazones.
“La esperanza no defrauda porque el Espíritu de Dios se nos ha concedido. Dios te ama profundamente y camina contigo”, señaló durante su homilía.
Mons. Aparicio invitó a los fieles a reconocer que su vida tiene un origen y un destino en Dios: “Nacemos de Dios, peregrinamos en este mundo y retornamos al corazón mismo de Dios. Nuestro camino es un itinerario de amor, de fe y de esperanza”.
Jesús, el que provee y multiplica
Comentando el Evangelio, el Arzobispo recordó que Jesús se dirige siempre a la multitud necesitada los pobres, los cansados, los que buscan sentido y que en ellos también se reconoce la comunidad de hoy.
“Todos somos esa multitud que espera algo del Señor. Y Jesús es el Dios que provee, que multiplica el pan, que da sentido profundo a la vida”, afirmó.
Explicó que la Eucaristía es anticipo del banquete eterno al que estamos llamados: “Celebramos la fracción del pan como presagio de lo que viene. Quien da es Jesús; quien regala es el Espíritu; quien sostiene es el amor de Dios”.
Mons. Aparicio recordó que la Iglesia vive su historia como un peregrinar constante: “Hace 25 años celebramos el Jubileo del 2000 con el llamado de Juan Pablo II: Duc in altum. Hoy, en 2025, celebramos que la esperanza no defrauda. Y en 2050 viviremos otro jubileo”.
Ante la pregunta sobre quiénes llegarán físicamente al Jubileo 2050, respondió con sencillez y profundidad: “No importa si lo vivimos en esta tierra o en la vida eterna. Lo fundamental es que nuestro camino termina en el corazón de Dios”.
El Arzobispo animó a la comunidad a llevar la esperanza a sus hogares y barrios: “Anuncien a todos que su camino no termina en este mundo. Hemos sido creados desde las entrañas de Dios, peregrinamos aquí, y nuestro destino es vivir en su corazón”.
Concluyó invitando a la comunidad a vivir este tiempo jubilar con gozo y convicción: “Ánimo, hermanos. Que el Señor les llene de esperanza y amor. Sean peregrinos que anuncian que Dios nunca abandona y que nos espera en su gloria”.

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