En la misa dominical celebrada este tercer domingo del Tiempo Ordinario, el Arzobispo de Cochabamba, Mons. Óscar Aparicio, centró su homilía en el sentido profundo del Domingo de la Palabra de Dios, exhortando a los fieles a escuchar a Jesucristo, Palabra viva del Padre, y a dejarse iluminar por su luz en medio de las realidades personales y sociales marcadas por la oscuridad y la división.
El Arzobispo de Cochabamba recordó que esta jornada, promovida por el Santo Padre, es una invitación concreta a dedicar tiempo a la escucha, reflexión y oración en torno a la Palabra, no como un ejercicio aislado, sino como un encuentro vivo con Cristo. “No se trata solo de repetir el mes de la Biblia, sino de dedicar este día a la Palabra con mayúscula, que es Jesucristo”, afirmó.
A la luz de la primera lectura del profeta Isaías, Mons. Aparicio destacó que Cristo es la luz que brilla en las tinieblas, una esperanza real frente a las múltiples sombras que afectan a la humanidad: la violencia, la guerra, la desesperanza y la división. En este contexto, subrayó con las palabras del salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación”, invitando a los fieles a confiar en Dios como guía segura en medio de la incertidumbre.
El Arzobispo insistió también en el llamado a la comunión eclesial, retomando el mensaje del apóstol Pablo a la comunidad de Corinto. Señaló que la Iglesia está llamada a vivir en unidad, no siguiendo liderazgos humanos ni ideologías, sino poniendo a Cristo en el centro. “Solo el Señor es nuestra luz y salvación; Él nos conduce por caminos de paz”, afirmó, exhortando a la Iglesia en Cochabamba a ser signo de unidad, amor y fraternidad para toda la sociedad.
Al comentar el Evangelio, Mons. Aparicio resaltó el inicio de la misión pública de Jesús, quien proclama: “Conviértanse, porque el Reino de Dios está cerca”. Explicó que la conversión no es solo abandonar el pecado, sino dejarse iluminar por la Palabra, conocer más profundamente a Jesucristo y permitir que su luz transforme la vida cotidiana.
Finalmente, el Arzobispo recordó que el Reino de Dios no está lejos, sino presente en la vida de la Iglesia, en las familias y en la comunidad. Animó a los fieles a responder con generosidad a la llamada del Señor, siguiendo el ejemplo de los primeros discípulos, que dejaron todo para seguir a Jesús. “Conocer a Dios, dejarse amar por Él y responder a su amor con amor es el camino de la verdadera fe”, concluyó.
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