En el camino de la fe, Dios no solo nos llama: también nos guía desde dentro. Ese guía interior es el Espíritu Santo. Jesús prometió: “el Espíritu los guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,13). El Espíritu ilumina, fortalece y consuela.
Muchas veces no sabemos qué decisión tomar, cómo responder a una crisis, cómo sostener la fidelidad en la rutina. El Espíritu actúa con discreción, pero con fuerza. Abre caminos en la conciencia, da luz para discernir, inspira gestos de bien, y sostiene en la prueba.
El Espíritu también construye comunión. Nos ayuda a salir del aislamiento, a escuchar al otro, a buscar juntos lo que Dios quiere. Sin el Espíritu, la Iglesia se vuelve un proyecto humano. Con el Espíritu, la Iglesia se convierte en un pueblo guiado por Dios.
En este Jubileo, invoquemos al Espíritu Santo con sencillez: “ven”. Dejarnos guiar por Él es caminar con más libertad y esperanza. Donde está el Espíritu, la vida se renueva.
P. Manuel Gilberto Hurtado Durán SJ
Facultad de Teología San Pablo
Universidad Católica Boliviana
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