La Biblia es, en gran parte, un libro de caminos. La fe aparece como una peregrinación. Abraham escucha la voz de Dios: “sal de tu tierra” y se pone en marcha sin saber adónde va. Su confianza inaugura una historia donde creer significa caminar sostenido por la promesa.
Luego viene el Éxodo: el pueblo de Israel sale de la esclavitud y atraviesa el desierto hacia la tierra prometida. El desierto es lugar de prueba, sí, pero también de presencia. Dios guía, alimenta, corrige y sostiene. La esperanza no se aprende en la comodidad, sino en el camino.
Y en el Evangelio, los discípulos de Emaús caminan tristes, con el corazón pesado. Jesús resucitado se acerca, camina con ellos, les explica las Escrituras y enciende su interior. Solo al partir el pan lo reconocen. La esperanza renace cuando descubrimos que Cristo está vivo y acompaña.
En este Jubileo, la Biblia nos recuerda: Dios llama, Dios acompaña, Dios renueva. Ser cristiano es caminar con Él.
P. Manuel Gilberto Hurtado Durán SJ, Facultad de Teología San Pablo - Universidad Católica Boliviana

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