Acompañar y cuidar la vocación sacerdotal: un llamado a la alegría, la cercanía y la corresponsabilidad
El Padre Ariel anima, ante todo, a los jóvenes que sienten inquietud vocacional a no perder la alegría ni la ilusión. Les recuerda que la vocación sacerdotal es una aventura hermosa, que debe vivirse con responsabilidad, honestidad y realismo: “con la mirada puesta en Dios, pero con los pies bien puestos en la tierra”. Ser sacerdote —afirma— no es un eslogan ni un ideal abstracto; exige preguntarse con sinceridad qué significa servir hoy, cómo dialogar con un mundo cambiante y cómo prepararse para acompañar a las nuevas generaciones.
En su mensaje, subraya que el discernimiento vocacional requiere fidelidad a Dios y a uno mismo, especialmente en medio de las dificultades. No se trata de negar los desafíos, sino de caminar con perseverancia, sin perder la pasión por el Evangelio ni la autenticidad del llamado recibido.
El sacerdote misionero dirige también una palabra clara y cercana a la comunidad cristiana. Invita a no idealizar ni aislar a los sacerdotes, recordando que no son ángeles, sino personas humanas, con cansancio, límites y necesidades afectivas. “No los dejen solos”, insiste, apelando a una cultura del cuidado y del acompañamiento que reconozca a los sacerdotes como hermanos, amigos, hijos y miembros de una familia más amplia que es la Iglesia.
Desde su experiencia en Europa, el Padre Ariel destaca la importancia de contar con espacios comunitarios donde los sacerdotes puedan descansar, recargar energías y vivir su humanidad. Solo así —afirma— es posible anunciar con verdad un mensaje de paz y esperanza: “No puedo comunicar a Cristo si no tengo a Cristo en mí”. La vida sacerdotal necesita tiempos de oración profunda, pero también relaciones fraternas que sostengan el corazón.
Esta nota pastoral es una invitación a toda la Iglesia a caminar juntos, fortaleciendo la vocación sacerdotal desde la alegría, la cercanía y la corresponsabilidad, para que los pastores puedan servir con un corazón pleno y enraizado en Dios, al servicio del pueblo que se les confía.
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