“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”: llamado a reconocer a Dios cercano en la vida cotidiana
Durante la celebración dominical, en la Catedral San Sebastián de Cochabamba el padre Ramber Miranda, juez eclesiástico de la Arquidiócesis de Cochabamba, invitó a los fieles a redescubrir la cercanía de Dios que, a través de su sabiduría y de Jesucristo, ha decidido habitar en medio de su pueblo y acompañarlo en cada momento de la vida.
En su reflexión, el sacerdote destacó que la Sabiduría de Dios, presentada en la primera lectura, no es una idea abstracta ni lejana, sino una presencia viva que “echa raíces” en la historia humana. “Dios no visita de paso a su pueblo —señaló—, sino que desea permanecer, acompañar nuestras luchas, incertidumbres y fragilidades”.
El P. Miranda subrayó que esta sabiduría divina se manifiesta en la vida concreta de las personas: en las familias, en la comunidad y en las decisiones diarias, especialmente en medio de las dudas y dificultades. “Incluso cuando no sabemos qué elegir, Dios está ahí, guiándonos en silencio”, afirmó.
Al referirse a la segunda lectura, explicó que san Pablo recuerda a los cristianos que han sido elegidos como hijos de Dios, no por mérito propio, sino por pura gracia. “Ser hijos de Dios es un don, no una conquista. No somos cristianos por casualidad, sino porque Dios, por amor, nos ha llamado”, expresó. En este sentido, animó a los fieles a vivir la santidad no como perfección, sino como apertura constante a la gracia de Dios.
Finalmente, al reflexionar sobre el Evangelio, el sacerdote resaltó el misterio central de la fe cristiana: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Jesús, dijo, no es un Dios distante, sino un Dios cercano que asume la condición humana, comparte el sufrimiento y abraza las heridas del corazón. “Cristo es la luz que ilumina nuestras tinieblas y sana nuestras oscuridades interiores”, afirmó.
El P. Ramber Miranda concluyó invitando a la comunidad a abrir su vida a la Palabra de Dios, para que sea luz en el camino diario y fuente de esperanza, recordando que la verdadera gloria de Dios se manifiesta en el servicio, la verdad y el amor entregado a los demás.

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