P. Albeiro Riascos asume como nuevo párroco de Nuestra Señora de Fátima con un llamado a caminar juntos y sin miedo
P. Albeiro Riascos Riascos dirigió sus primeras palabras a la comunidad durante su posesión como nuevo párroco de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, invitando a todos a vivir la fe con confianza, compromiso y espíritu comunitario.
“¡Jóvenes, no tengan miedo!”, expresó el sacerdote, recordando las palabras del Señor y subrayando que la vocación es ante todo un don de Dios que no se apoya en méritos personales, sino en la disponibilidad del corazón. En ese sentido, manifestó su gratitud a Dios por el servicio pastoral que se le confía, reconociendo que esta misión es parte del caminar de la Iglesia en cualquier lugar donde hace presencia.
El P. Albeiro agradeció de manera especial a Mons. Óscar Aparicio por la confianza depositada en la comunidad Javeriana para acompañar la vida de fe de la parroquia, así como a la comunidad cristiana que lo acoge, a la que describió como cercana, fraterna y comprometida. “Gracias por estar aquí y por compartir esta alegría”, expresó, destacando la importancia de la oración como base de toda perseverancia vocacional y del servicio pastoral.
En sus palabras, el nuevo párroco hizo un llamado a caminar juntos, recordando que la misión pastoral no es tarea de una sola persona, sino de toda la comunidad. Invitó a los fieles a sentirse corresponsables de la vida parroquial, fortaleciendo la unidad entre los distintos sectores y recordando que, allí donde se vive la comunión, se hace visible la Iglesia.
Asimismo, animó a la comunidad a acompañar activamente las tareas pastorales, especialmente el proceso de inscripción para la catequesis, recordando la importancia de no postergar lo esencial. En este sentido, informó que las inscripciones se realizan entre los meses de enero y febrero, y que la catequesis iniciará el 1 de marzo, exhortando a las familias a priorizar la formación cristiana de niños y jóvenes.
El P. Albeiro concluyó su mensaje invitando a vivir con alegría los tiempos festivos, sin olvidar lo fundamental de la vida cristiana, y encomendó su ministerio a la gracia de Dios para que, juntos, la comunidad parroquial de Nuestra Señora de Fátima siga creciendo en unidad, fe y compromiso evangelizador.
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