En el marco de la Eucaristía de acción de gracias por la Vida Consagrada, celebrada con motivo de la Fiesta de la Presentación del Señor, la hermana Bruna compartió un mensaje profundo de gratitud, esperanza y compromiso evangélico, dirigido a religiosas, religiosos y a todo el Pueblo de Dios presente en la celebración.
Al iniciar sus palabras, la hermana Bruna Pierbó, parte del Directorio de la CBR Cochabamba expresó el gozo de reunirse como Iglesia para dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada, recordando que este día invita a renovar la fidelidad al llamado recibido desde el inicio del camino vocacional. Subrayó que dicha fidelidad nace del amor de Dios, “derramado en nuestros corazones”, y se concreta en una vida entregada, cercana y presente en la cotidianidad del pueblo.
En su reflexión, hizo eco del mensaje del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, destacando la dimensión profética de la vida religiosa. Señaló que la profecía hoy se expresa como una presencia que permanece junto a los pueblos y a las personas heridas, especialmente en contextos de fragilidad, prueba y sufrimiento, donde el Evangelio se vive con dificultad.
Asimismo, afirmó que la vida consagrada está llamada a ser una esperanza activa, capaz de generar paz, custodiar la dignidad humana y dar testimonio del Evangelio incluso en las realidades más complejas. En este sentido, animó a pedir al Señor la gracia de corazones mansos y perseverantes, capaces de consolar, recomenzar y permanecer fieles a la misión encomendada.
Finalmente, la hermana Bruna recordó que la “profecía de la presencia” es semilla de paz para la Iglesia y el mundo, encomendando el caminar de la vida consagrada a la intercesión de María, Madre del “sí”, para que sea luz y fortaleza en la misión cotidiana de quienes han consagrado su vida al servicio del Reino de Dios.
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