Con una solemne celebración eucarística se dio inicio al Año Jubilar de las Hermanas Concepcionistas en la localidad de Pandoja, en el marco de los 50 años de la canonización de Santa Beatriz de Silva y los 25 años de presencia del monasterio en esta comunidad.
La apertura contó con la participación de pobladores de Pandoja, amigos y amigas de la comunidad religiosa, sacerdotes y hermanos franciscanos, quienes se unieron en acción de gracias por el camino recorrido y por los frutos espirituales sembrados a lo largo de estos años.
Una celebración centrada en la voluntad de Dios
La homilía estuvo a cargo de un sacerdote franciscano Fray Joel Fernández, quien iluminó la celebración a partir del Evangelio: “El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.
En su reflexión, destacó que la santidad consiste en vivir la voluntad de Dios con corazón esponsal y bajo la acción del Espíritu Santo. Recordó que, como expresa el profeta Isaías, es Dios quien reviste de gracia y transforma la vida: “La santidad no es un acto humano, es una obra de la gracia”.
Al referirse a Santa Beatriz de Silva, subrayó que su amor a la Inmaculada Concepción no fue simplemente una devoción, sino una experiencia profunda de saberse revestida de misericordia. En ella —señaló— se hace visible lo que Dios puede realizar cuando encuentra un corazón disponible.
Vida contemplativa: presencia fecunda y silenciosa
Durante la homilía también se resaltó el valor de la vida contemplativa. El monasterio —afirmó— no es encierro, sino vigilancia amorosa; no es aislamiento, sino espera ardiente del Esposo. Las hermanas, desde su clausura, sostienen al mundo en el silencio, como lámparas encendidas en la noche.
A 25 años de presencia en Pandoja, el sacerdote invitó a reconocer los frutos espirituales sembrados: vocaciones acompañadas, familias fortalecidas por la oración y paz sembrada en la comunidad. “El Espíritu produce frutos aunque sean silenciosos”, expresó.
Un tiempo de gracia y renovación
El Año Jubilar fue presentado como un tiempo de gracia actual, no sólo como memoria histórica. Es ocasión de renovación, de volver al primer amor y de preguntarse si se vive realmente según el Espíritu y conforme a la voluntad del Padre.
Finalmente, se agradeció a las Hermanas Concepcionistas por su presencia fecunda en esta tierra, por su entrega silenciosa y por recordar a toda la Iglesia que la santidad no es exclusiva del monasterio, sino una vocación universal.
La celebración concluyó en un clima de alegría y esperanza, confiando a la comunidad religiosa a la protección de la Virgen Inmaculada y renovando el compromiso de pertenecer a la gran familia de Cristo, que nace del cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios.
Indulgencia plenaria
Todos los que deseen ganar indulgencia plenaria pueden pasar por la Capilla de las hermanas concepcionistas, donde se celebra la eucaristía de lunes a viernes a las 7:30 (Menos los miércoles)

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