La palabra “viático” significa pan para el camino. Y eso es la Eucaristía: el Señor que se nos da como alimento para la peregrinación. En cada misa, Cristo resucitado se hace presente y nos fortalece desde dentro.
La Eucaristía no es solo un recuerdo. Es un encuentro real con Jesús, que nos une a su entrega y a su resurrección. Por eso, quien comulga con fe recibe fuerza para vivir, para perdonar, para servir, para perseverar.
Además, la Eucaristía construye comunión. Nos reúne como Iglesia, nos hace cuerpo, nos enseña a caminar juntos. No es casual que muchos hayan redescubierto la esperanza simplemente volviendo a la mesa del Señor.
En este Jubileo, la Eucaristía es escuela de esperanza. Nos recuerda que Dios se entrega, que Dios alimenta, que Dios permanece. Con este Pan, el camino no es una carga imposible: se vuelve una ruta de gracia hacia la vida plena.
Por: P. Manuel Gilberto Hurtado Durán SJ , Facultad de Teología San Pablo, Universidad Católica Boliviana
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