En el marco de su retiro anual, el clero diocesano de Potosí celebró una solemne Eucaristía en el Santuario de Nuestra Señora de Urcupiña, presidida por Mons. Iván Vargas, obispo auxiliar de Cochabamba. La celebración se vivió como un profundo momento de oración, fraternidad sacerdotal y renovación espiritual, a los pies de la Madre de Dios.
Al inicio de la celebración, Mons. Vargas dio una cálida bienvenida a los sacerdotes potosinos, destacando el sentido de la peregrinación y el encuentro con María: «Qué bello ha sido esta experiencia de peregrinar, de ponernos en camino hacia un santuario… llegar a los pies de la Virgen de Urcupiña», expresó, recordando además los vínculos históricos y pastorales que muchos sacerdotes tienen con este santuario.
Durante su homilía, el Obispo Auxiliar subrayó la centralidad de María en la vida del presbítero, evocando palabras del Papa Francisco: «Ningún cristiano tiene derecho a sentirse huérfano, porque tenemos una madre… que nos ampara, que nos protege y que nos cubre con su manto de amor y de ternura». En este sentido, animó a los sacerdotes a sentirse verdaderamente hijos de la Madre de Dios y a fortalecer la fraternidad sacerdotal como parte esencial de la espiritualidad diocesana.
Reflexionando sobre el Evangelio proclamado, Mons. Vargas profundizó en el llamado y la misión sacerdotal: «Jesús llamó… Dios ha primereado en amarnos. Ha tomado la iniciativa de llamarnos primero con la gracia del bautismo y luego con la gracia del ministerio sacerdotal». Recordó que este llamado es una muestra de la confianza de Dios, quien envía a sus ministros como instrumentos de su amor y misericordia.
Uno de los momentos más significativos de la homilía fue la reflexión sobre el “poder” recibido en la ordenación sacerdotal: «Al consagrar nuestras manos con el Santo Crisma, el Señor nos ha dado el poder de consagrar, de bendecir, de perdonar, de sanar», afirmó, subrayando la grandeza y, al mismo tiempo, la fragilidad humana del sacerdote. «El sacerdote no es un súper hombre; lucha cada día frente a su fragilidad», añadió, invitando a vivir el ministerio con humildad y confianza en la misericordia de Dios.
Mons. Vargas también exhortó a vivir la austeridad, el acompañamiento cercano al pueblo y la predicación coherente del Evangelio: «Permanezcan, acompáñenlos, denles una palabra de consuelo y de vida». Asimismo, animó a los sacerdotes a aprovechar el retiro como un tiempo de sanación interior y reconciliación fraterna: «Que este tiempo sea también un tiempo de curación, de sanación, para fortalecer nuestra fraternidad sacerdotal».
Finalmente, el Obispo Auxiliar encomendó el ministerio de los sacerdotes a la Virgen de Urcupiña: «Que la mamita de Urcupiña nos cubra con su manto de ternura y de amor, y nos ayude a ser fuertes frente a toda tentación», concluyó.
Foto: Página de Facebook Diócesis de Potosí

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