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Agentes pastorales, enviados a ser sal y luz en la realidad de Cochabamba

En la Eucaristía de envío de agentes pastorales, celebrada hoy domingo 08 de febrero, Mons. Oscar Aparicio, arzobispo de Cochabamba, animó a los laicos, religiosas y religiosos comprometidos en la misión evangelizadora a renovar su identidad como discípulos misioneros, llamados a ser “sal y luz” en medio de la realidad social y eclesial actual.

Durante su homilía, el Arzobispo destacó que el envío pastoral no es solo un acto simbólico, sino una respuesta concreta al llamado de Dios: “Jesús hoy no habla a la multitud, sino a sus discípulos; habla a quienes han decidido seguirlo y poner su vida al servicio del Evangelio”, afirmó.

Mons. Aparicio recordó que los agentes pastorales son aquellos que, habiendo escuchado la Palabra, han sido movidos en el corazón para acompañar al Señor y servir a la Iglesia desde sus comunidades, parroquias y movimientos. “Jesús habla hoy a nosotros, a ti y a mí, que hemos decidido ser discípulos suyos”, señaló.


Subrayó que esta misión nace del encuentro personal con Cristo y no de intereses personales: “No anunciamos nuestra propia elocuencia, anunciamos a Jesucristo, y a Jesucristo crucificado”.

En su reflexión, el Arzobispo enfatizó que los agentes pastorales están llamados a ser sal, es decir, a dar sentido, esperanza y sabor cristiano a la vida cotidiana de las personas. “La sal, en pequeña porción, transforma; así también el testimonio cristiano transforma la realidad”, indicó.

Advirtió que la sal no puede perder su sentido: “Si la sal se desvirtúa, no sirve para nada”, exhortando a los agentes pastorales a vivir con coherencia su compromiso bautismal.

Mons. Aparicio destacó también que los agentes pastorales no son luz por sí mismos, sino portadores de la luz verdadera que es Cristo. “Solo podemos ser luz si recibimos la luz del Señor y cuidamos esa luz para que no se apague”, expresó.

En este sentido, animó a renovar constantemente la vida espiritual, la oración y el vínculo con el Evangelio, para que las obras pastorales sean reflejo auténtico de la fe.

Finalmente, el Arzobispo alentó a los agentes pastorales a no desanimarse frente a los desafíos sociales, culturales y eclesiales. “Frente a un mundo con tantas propuestas, ser cristiano es dar sentido y caminar como peregrinos hacia la gloria de Dios”, afirmó.

Concluyó exhortando a todos a recordar este envío como un compromiso permanente: “Si se desaniman, vuelvan al Evangelio: sal y luz. Caminen juntos y anuncien a Cristo a quienes viven en medio de las tinieblas”.

Homilía de Mons. Oscar Aparicio

Eucaristía de envío de agentes pastorales

1. Un encuentro vivido en oración y gratitud

Muy amados hermanos y hermanas, frente ya unos días atrás a la expectativa de este encuentro, de esta Eucaristía, del envío de agentes de pastoral, de Iglesia en medio de nuestro pueblo, de nuestras iglesias, nosotros como Iglesia, frente también a lo que es nuestra realidad, debo decirles que no solo ha sido un sentimiento de expectación de estar en esta situación concreta, sino también de oración y llevarles en el corazón a tantos de ustedes, que les tengo también no solo en el corazón, sino también en la mirada, y conociéndolos a tantos a través de lo que puede ser su labor en las parroquias o en sus comunidades. Por tanto, se ha llegado este momento, creo, bello de saber encontrarnos.

Mi Iglesia es para dar gracias a Dios, para dar gracias a ustedes, con este sentimiento de que queremos ser guiados, enviados como misioneros, como testigos del Señor, como discípulos suyos, para anunciar a Jesucristo nuestro Señor. Vean que la Palabra de Dios hoy día se acomoda de una manera impresionante: es Dios el que ve su Palabra entre nuestra historia y nuestro acontecimiento; Él se hace historia y se hace vida.

2. Elegidos por la Palabra y enviados al inicio del año pastoral

A nosotros nos ha tocado elegir la fecha, conviene que sea al inicio de año y de nuestra actividad misionera, pero nadie ha pensado, por lo menos hace tiempo atrás, que iban a ser estas lecturas las que el Señor nos estaba regalando. Dos imágenes: ustedes son la sal.

Todo creyente, todo discípulo, está llamado a ser sal en medio de nuestra realidad. Un detalle interesante en el Evangelio de hoy, diferente al anterior domingo: recuérdense de las lecturas del anterior domingo, donde Jesús sube a la montaña y habla a la muchedumbre.

3. De la multitud a los discípulos

Cuando se habla de multitud, normalmente son aquellos, en la Escritura, los necesitados: aquellos que viven en la soledad, los sufrientes, los encarcelados, los abatidos, los enfermos, los que viven en constante frustración y crisis, aquellos buscadores de la verdad, aquellos que quieren encontrar una luz y una guía. Se trata de la multitud que está escuchando al Señor: es la humanidad.

En este caso, si han prestado atención bien, en el Evangelio dice: “Y Jesús dijo a sus discípulos”. De todos estos que habían escuchado su Palabra en aquel momento, en el Sermón de la Montaña, felices ustedes, bienaventurados ustedes, dichosos ustedes, les da un programa, un itinerario a seguir, un programa en la vida cristiana.

Hoy, a un grupo más restringido, se dirige a sus discípulos: aquellos que han sido movidos en el corazón y quieren acompañar al Señor; aquellos que han experimentado esta voz del Señor; aquellos que han identificado a Cristo como el sentido de su vida; aquellos que, conociéndolo o recibiendo su Espíritu, empiezan a tener gozo, felicidad, alegría, y se van considerando bienaventurados.

4. Ustedes son la sal de la tierra

Yo creo que, de alguna manera, si Jesús a través del evangelista Mateo hoy habla a sus discípulos, habla de nosotros, habla de ti, habla de mí. Jesús habla de sus discípulos y les dice: ustedes, felices, dichosos, bienaventurados; ustedes, discípulos del Señor; ustedes son la luz del mundo. Y, en primer lugar, dice: ustedes son la sal. Es interesantísima la imagen.

Por experiencia sabemos que la sal es fundamental, y lo sabemos aquí en Cochabamba más que en cualquier otro lugar, ¿no es cierto? El centro gastronómico. Si no ponemos sal, nada cobra sabor. La sal, en poquita porción, da gusto. No hay que poner toda la sal, sería fatal, incomible.

La sal le da sabor a la vida. Aquel que ha experimentado la presencia del Señor, aquel que escucha su Palabra, aquel que lo conoce, aquel que ha empezado a buscar su identidad de discípulo, aquel que ha encontrado el amor y la misericordia de Dios, el perdón de Dios porque es pecador, empieza a tener sentido su vida y, por tanto, tiene que ser sal.

Por eso, cuando el Señor se dirige a nosotros, lo hace muy apropiadamente: deben ser sal. ¿Dónde? En Cochabamba.

5. Testigos en medio de una realidad compleja

Ustedes, siendo Iglesia, cuerpo místico del Señor, obedeciendo su Palabra, están llamados a ser sal en medio de una realidad difícil. Es lo que le pasa a Pablo con la comunidad de Corinto.

Corinto es una ciudad convulsionada, puerto de comercio, de múltiples propuestas. La comunidad está compuesta por personas muy diversas, con grandes diferencias, conflictos y divisiones. Pablo dice: “Yo no he venido con elocuencia ni con sabiduría humana; he venido a presentarles a Cristo, y a Cristo crucificado”.

¿Qué debe ser esta comunidad? Testigo del Señor. No de su propia elocuencia, no de sus divisiones, sino testigos de Jesucristo.

6. La sal que no debe desvirtuarse

Hermanos, no perdamos el sentido profundo de nuestra misión. Porque si la sal se desvirtúa, no sirve para nada.

Que salgan renovados de esta Eucaristía, entusiastas, enviados para anunciar a Jesucristo en su cruz, pero también en su resurrección. ¡Cuánta gente lo necesita!

7. Ustedes son la luz del mundo

La otra imagen es la luz. ¿Qué pasa cuando falta la luz? Oscuridad, miedo, inseguridad, pérdida de sentido.

Ustedes que han visto la luz del Señor, como los pastores y los Reyes Magos, están enviados no para mostrarse a ustedes mismos, sino para presentar la luz verdadera, que es Cristo.

No tenemos luz propia. Somos frágiles. Solo podemos ser luz si recibimos la luz del Señor, si renovamos nuestro bautismo, si dejamos que el Espíritu ilumine nuestra vida.

8. Cuidar la luz recibida

Como la antorcha olímpica, la luz debe cuidarse para que no se apague. Es fundamental renovar nuestro ser bautismal, cuidar esta luz que se nos ha regalado.

Si nuestras obras concuerdan con esta luz, serán luz para los demás.

9. Envío misionero y ánimo para el camino

Hermanos míos, qué desafío tan grande. Los veo entusiastas este año 2026. Cuiden ser auténticamente sal que da sabor.

Frente a un mundo con tantas propuestas, ser cristiano es dar sentido, es caminar como peregrinos hacia la gloria de Dios.

Fuerza, hermanos. Que Dios los bendiga. A los sacerdotes, a los laicos, a todos los agentes de pastoral: anunciemos a Jesucristo, luz que ilumina, que salva y da sentido a nuestra existencia.

Si se desaniman, vuelvan al Evangelio, Mateo 5: sal y luz. Recuerden este momento, caminen juntos, anuncien esta luz a quienes viven en medio de las tinieblas.

Amén.

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