Jubileo de la esperanza: El sufrimiento y la cruz como parte del camino hacia la vida nueva

La peregrinación cristiana incluye la cruz. No porque Dios quiera el dolor, sino porque el amor verdadero atraviesa pruebas. Jesús lo dijo: “el que quiera seguirme, que tome su cruz cada día” (Lc 9,23). La fe no promete una vida sin sufrimiento; promete una presencia fiel en medio del sufrimiento.

Cristo no miró la cruz desde lejos: la asumió. Y al asumirla, la transformó. La cruz ya no es solo signo de derrota, sino lugar donde el amor llega hasta el extremo. De esa cruz brota la resurrección.

Cuando llega la enfermedad, la pérdida, la injusticia, podemos sentir que el camino se oscurece. Pero el cristiano no está solo: Cristo crucificado y resucitado camina con nosotros. En Él, el dolor no queda vacío. Puede volverse oración, compasión, solidaridad, madurez interior.

En este Jubileo, no neguemos la cruz, pero tampoco la absoluticemos. La cruz es parte del camino, no la última estación. Dios puede hacer brotar vida nueva allí donde parecía no haber salida.

P. Manuel Gilberto Hurtado Durán SJ

Facultad de Teología San Pablo

Universidad Católica Boliviana


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