En el marco de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, la Pastoral de Salud de la Arquidiócesis de Cochabamba celebró la Eucaristía , con la participación de los voluntarios de la Pastoral de la Salud de Cochabamba, quienes renuevan cada año su compromiso de servicio a los enfermos y más necesitados.
La celebración fue presidida por Mons. Oscar Aparicio, quien en su homilía centró su reflexión en la figura de María y en el llamado a vivir la compasión como expresión concreta del amor cristiano. “Es la primera discípula, la primera servidora, la primera, diríamos, enfermera, la primera agente de pastoral, la primera que toma la iniciativa de acercarse en misericordia de Dios hacia los más necesitados”, expresó el Arzobispo, subrayando el modelo mariano para el servicio a los enfermos.
En comunión con la Iglesia universal, Mons. Aparicio recordó el lema propuesto este año por el Santo Padre: “La compasión del Samaritano: amar llevando el dolor del otro”, destacando que esta jornada no es solo conmemorativa, sino profundamente pastoral. “Amar llevando el dolor del otro. El Samaritano se compadece, padece. Se mueve las entrañas”, afirmó.
El Arzobispo insistió en que la atención a los enfermos no puede quedarse en palabras o intenciones. “Mirando al prójimo, atendiendo al prójimo, sobre todo y particularmente al enfermo, es amar a Dios en la práctica”, enfatizó, invitando a vivir una fe encarnada en obras concretas de misericordia.
Dirigiéndose especialmente a los agentes de la Pastoral de la Salud, señaló que el servicio debe estar inspirado en la mirada misma de Cristo: “No es tu mirada, es la mirada de Jesús, es la mirada del Señor”. Asimismo, recordó que el compromiso cristiano exige salir de la indiferencia y la prisa que caracterizan la cultura actual: “Vivimos inmersos en la cultura de lo rápido, de lo inmediato, de las prisas, así como también del descarte y la indiferencia, que nos impide acercarnos y detenernos en el camino para mirar las necesidades y los sufrimientos a nuestro alrededor”.
En otro momento de su reflexión, el Pastor arquidiocesano subrayó la dimensión social de la caridad: “La imagen del buen Samaritano es siempre actual, necesaria para descubrir la belleza de la caridad y la dimensión social de la compasión”.
Finalmente, Mons. Aparicio animó a los fieles a adoptar un estilo de vida coherente con el Evangelio: “El verdadero remedio para las heridas de la humanidad es un estilo de vida basado en el amor fraterno”, e invitó a que “no falte nunca en nuestro estilo de vida cristiana una dimensión fraterna, samaritana, valiente, comprometida y solidaria”.
La celebración concluyó con un renovado compromiso de los voluntarios de la Pastoral de la Salud de seguir siendo presencia cercana y solidaria junto a los enfermos, llevando consuelo, esperanza y el amor misericordioso de Dios a quienes más lo necesitan.




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