En su reciente homilía, Mons. Óscar Aparicio exhortó a los fieles a vivir el tiempo de carnaval desde una perspectiva cristiana, marcada por la responsabilidad y la coherencia con la fe. Retomando el mensaje de la primera lectura, recordó que Dios ha dado al ser humano la libertad para elegir entre la vida y la muerte, pero nunca ha autorizado el pecado.
El prelado subrayó que no es correcto justificar excesos bajo la idea de que luego vendrá un tiempo de conversión más intenso. “A nadie le ordenó ser impío… ni dio a nadie autorización para pecar”, recordó, invitando a reflexionar seriamente sobre el uso de la libertad. En este sentido, animó a que el carnaval sea vivido como un tiempo de alegría auténtica, de expresiones culturales sanas y de convivencia fraterna, evitando conductas que contradigan el Evangelio.
Mons. Aparicio insistió en que la verdadera libertad implica responsabilidad y que toda decisión tiene consecuencias. Por ello, llamó a los fieles a elegir siempre la vida, actuando conforme a la sabiduría de Dios incluso en tiempos festivos.
Invitación a preparar el corazón para la Cuaresma
En la parte final de su mensaje, el Arzobispo invitó a la comunidad a disponerse espiritualmente para el inicio de la Cuaresma, tiempo que definió como un período de gracia, conversión y escucha profunda de Dios.
Destacó que este nuevo tiempo litúrgico es una oportunidad para revisar la propia vida, fortalecer la relación con el Señor y renovar el compromiso cristiano. La Cuaresma —señaló— es un llamado a mirar la propia realidad con sinceridad, abrir el corazón a la acción de Dios y caminar hacia una auténtica transformación interior.
Finalmente, anunció que en los próximos días se dará a conocer el programa pastoral previsto para este tiempo especial, invitando a todos los fieles a participar activamente y vivir con profundidad este camino espiritual que conduce a la Pascua.
HOMILÍA DE MONS OSCAR APARICIO
ARZOBISPO DE COCHABAMBA
DOMINGO 15 DE FEBRERO
Primero quisiera llamar la atención de ustedes a ver estas lecturas. Son la continuidad de lo que estamos proclamando en estos días. Tanto en la primera como en la segunda lectura, hay un Evangelio, hay una continuidad.
Por ejemplo, en el Evangelio está Jesucristo en el sermón de la montaña: “Felices ustedes, dichosos ustedes”.
Es un programa de vida que presenta. El sábado, el domingo pasado, nos hablaba justamente de cuando a Jesús y a sus discípulos, en concreto, “sean la luz y la sal de este mundo”. La gran propuesta de Dios a seguir sus caminos.
Hoy está hablando justamente también de esta ley, la ley y los profetas que deberán ser cumplidos, y Él mismo lo cumple; aunque después pone justamente esta situación muy concreta: “Se dijo antes, yo les digo”. Les propone ciertamente lo que pueda ser una cierta exigencia fuerte de parte de Él en el seguimiento radical a su propuesta, a la propuesta de Dios.
A estar en el camino justo, a poder entrar en este programa de las bienaventuranzas para ser realmente sal y luz. Pero lo dice muy claramente, superando la ley y los profetas: “Se dijo… yo les digo”.
Jesús, plenitud de la Ley y los Profetas
Esto nos hace recuerdo a lo que ya en el Antiguo Testamento aparece. Cuando Moisés le dice: “¿Quién voy a decirles que me envía? ¿A quién le diré al pueblo de quién eres tú?” “Yo soy el que soy”. Se autodefine, se automuestra.
Da su personalidad y, en este caso, vean qué concordancia enorme hay: antes se dijo, hoy yo les digo. Es la superación justamente de esta ley y de estos profetas.
Es obviamente la presencia real y verdadera en las palabras de Jesús, en la persona de Jesús aquí en este mundo.
La libertad y la responsabilidad humana
Las otras lecturas están propiamente apoyando toda esta idea. En el caso de la primera lectura del Eclesiástico, se habla justamente de la sanidad del ser humano y de la gran libertad que nos da:
“Ante ti está el fuego y el agua. Ante ti la vida y la muerte”.
Y pone la responsabilidad en el ser humano: que elija aquello, en la libertad plena.
Por tanto, pone de alguna manera de manifiesto la responsabilidad que puede tocar. De parte de Dios está su palabra, están sus preceptos, está lo que ha anunciado. De parte de Dios, en positivo, está: elige la vida y no la muerte. Sé justo como los demás, o mejor, sé justo como Jesús. Entra en los preceptos y en las leyes de Dios.
La propuesta de ser de aquellos que están en el camino correcto es absolutamente para todos. Por eso el Salmo decía: “Felices los que siguen la ley del Señor”.
¿No les recuerda al sermón de la montaña? ¿No les recuerda hace dos domingos? “Felices ustedes, bienaventurados ustedes”.
Jesús habla de aquello. Felices los que siguen a Dios mismo. Felices ustedes si están escuchando siempre su palabra. Dichosos ustedes, porque si tienen hambre serán saciados después. Dichosos ustedes que se apoyan en Dios, porque si son pobres heredarán la tierra, etc.
Se trata justamente de entrar en esta palabra, de aceptar esta propuesta de Dios, aunque tenemos la posibilidad de rechazarla.
La sabiduría divina y el Espíritu de Dios
Lo mismo que pasa con Pablo cuando habla a los poderosos. Lo que en resumen está diciendo Pablo es: es cierto que no se ha anunciado ninguna sabiduría humana.
Lo que se anuncia, lo que se nos invita a seguir es la sabiduría divina.
En otras palabras, ¿cuál será nuestra guía? ¿Cómo nosotros podemos elegir entre la vida y la muerte? ¿Cómo nosotros podemos entrar en esta exigencia que hoy la pone Jesús y la multiplica grandemente, más allá de la ley y los profetas?
¿Cómo se puede seguir radicalmente esta palabra y a Dios?
No con sabiduría humana, no con propuestas humanas, sino con el Espíritu de Dios que proviene de esta sabiduría divina. En el Espíritu de Dios, Jesús.
Aceptando la ley y los profetas, aceptando que Él es Dios y es nuestra guía. Aceptando que Él es Dios y nos trae una propuesta de salvación.
¿Cómo se puede entrar en la palabra de “ustedes felices y bienaventurados”? Justamente en esta sabiduría divina y en el Espíritu de Jesús, en el Espíritu de Dios.
Por tanto, hermanos, se trata de algo completamente diferente, más allá de un voluntarismo que podamos tener. No son propuestas para cumplirlas y esforzarse como cuando hacemos ejercicios físicos, ¿cierto?
Aquí se trata justamente de entrar en la propuesta de Dios, de aceptar el camino de Dios, de dejar que el Espíritu de Dios nos pueda animar y guiar. Ser hombres y mujeres del Espíritu de Dios.
Con la sabiduría de Dios, cumplir la ley y los profetas y este programa de los bienaventurados sólo se lo puede hacer con este Espíritu de Jesús, sin pretender decir: yo soy más que esto, más que Jesús.
Estamos llamados a ser justos, pero jamás superaremos al Justo que es Jesús. Lo seguimos. Queremos que su Espíritu y su estilo de vida nos puedan guiar. Queremos seguir al Maestro y al Señor. Queremos que su Espíritu habite en nosotros. Queremos que la luz que ilumina nuestras vidas sea este Espíritu de Dios.
Queremos que, si somos sal, podamos de verdad fermentar o dar sabor a nuestra vida, a nuestra existencia, a nuestras comunidades, a nuestra familia, porque es justamente lo sabroso de Dios en el Espíritu de Jesús.
Todo esfuerzo por el bien suma
Por eso, cuando el Evangelio habla y dice nuevamente Jesús: “Yo no he venido a abolirlo; he venido más bien a cumplirlo”.
No es que yo soy un líder social o político. He venido a decir que todo lo anterior es nefasto o es para anularlo. Sino más bien yo he venido para dar cumplimiento.
Es más, para que este cumplimiento sea todavía más fuerte. “Les aseguro que no quedará ni una i, ni una coma de la ley sin cumplir, antes que desaparezcan el cielo y la tierra”.
Todos los esfuerzos humanos, todo el camino de fe, todo el camino de buena voluntad, de buena fe, todo el hecho de que esté basado también en el amor, todo aquello que son esfuerzos también de procurar pueblos y sociedades que tengan que ver con el bien del ser humano, con el bien de los demás; todo aquello que puede ser para bien, eligiendo la vida y no la muerte, todo aquello es bueno. Todo suma.
Por tanto, tu esfuerzo de ser una buena mamá, un buen papá, de construir una familia que tenga temor de Dios, es fundamental. Tus esfuerzos de trabajar y desvelarte por tu familia son fundamentales. Nuestros esfuerzos para construir una comunidad buena, sin entrar en blasfemias, en envidias o en acusaciones hacia los demás; todo nuestro esfuerzo de perdonarnos, de constituir una comunidad de fe, son valiosos.
Estamos eligiendo la vida. Estamos basados en una ley también humana si tenemos el Espíritu de Dios.
Si cultivamos el Espíritu de Dios, si entramos en esta sabiduría de Dios, si hemos encontrado la clave para vivir nuestro ser cristiano, nuestro ser humano, hemos descubierto hacia dónde también nosotros queremos ir y cuál es el sentido profundo para nuestra existencia.
Estamos eligiendo la vida y no la muerte. Queremos ser justos, no con nuestros pensamientos, no con nuestros planes, no porque nosotros queremos salir con el capricho, sino justos al mismo estilo de Jesús.
Reconciliación, comunidad y lucha contra el egoísmo
Reconciliarse con los hermanos, crecer en la conciencia de que nos equivocamos y que somos pecadores es fundamental.
Queridos hermanos y hermanas, queremos que el Señor nos ayude. Que el Señor nos pueda ayudar en este camino, en este programa de vida. Que el Señor nos haga cada vez más sabios. Que el Señor nos ayude a entrar en el reino de los santos.
Que el Señor nos ayude a todos y cada uno a mirar a los demás, porque estamos también en este mundo en función de los otros, no sólo en función mía personal.
Por eso el egoísmo en este mundo es la lacra más grande que hay. El individualismo se vuelve la lacra más grande que hay, porque quiere construirse a sí mismo.
Dejemos que el Señor nos pueda ayudar en todo esto, siendo, repito, sabios. Cuando ustedes digan sí, que sea sí; cuando digan no, que sea no. Vean que nos está el Señor dando la clave para vivir bien nuestro ser discípulos, la clave para vivir bien como seres humanos en este mundo, la clave para hacer nuestro rol en lo que significa también nuestra sociedad, nuestra familia y nuestra comunidad.
El carnaval, la libertad y la responsabilidad
Les invito entonces, hermanos, a que cojamos con alegría, con gozo esta palabra.
También en estos días de carnaval nos equivocamos a veces cuando decimos: carnaval, hay que dar rienda suelta a todo, porque después nos viene un tiempo difícil. Entonces ahí sí que vamos a convertirnos. Ahora, meta la vida.
Nos equivocamos así.
Escuchen bien lo que dice la primera lectura otra vez. Es interesante, es impactante: a nadie le ordenó ser impío la sabiduría o Dios mismo o la revelación. A nadie le ordenó que sea impío. Le da la libertad al ser humano de elegir la vida o la muerte; le da la libertad, evidentemente, y después asumir su responsabilidad, que tendrá consecuencias de vida o de muerte.
Y escuchen más todavía: “Ni dio a nadie autorización para pecar”.
¿De dónde sacamos entonces la idea de que, como nosotros vamos a ser ajustados fuertemente en la Cuaresma, tenemos que hoy dar rienda suelta a todo?
Hermanos míos, que el carnaval sea tranquilo, humano, bien vivido. Que el carnaval sea vivido también como un tiempo cierto de alegría, de gozo, de manifestaciones incluso culturales. Hay cosas tan bellas que se pueden manifestar hoy.
A nadie se le dio autorización de pecar.
Prepararnos para la Cuaresma
Que vivamos, por tanto, un carnaval también en la sabiduría de Dios.
Y les invito a que, ciertamente, en esta semana vamos a comenzar también este tiempo importante, tiempo de gracia, de llamado a la conversión, de ponernos en nuestra realidad para mirar a Dios: tiempo de Cuaresma, de escucha, de silencio, tiempo de gracia.
Después les diremos el programa que hacemos para acá, sobre todo el miércoles.
Amén.

Comentarios
Publicar un comentario