Sinodalidad significa caminar juntos. No es una moda ni una estrategia, sino una dimensión profunda de la Iglesia. Desde el inicio, los cristianos discernían en comunidad: escuchaban, oraban, dialogaban y buscaban la guía del Espíritu.
Vivir la sinodalidad es reconocer que nadie posee toda la verdad por sí solo. En el Pueblo de Dios, todos aportan: pastores, laicos, consagrados. La escucha mutua no debilita la fe; la purifica y la fortalece. Y el discernimiento comunitario no reemplaza el Evangelio; lo encarna en la historia.
La sinodalidad también es un modo de vivir la caridad: aprender a respetar, a dialogar, a no imponer, a buscar el bien común. Cuando caminamos juntos, la carga se vuelve más ligera, y el camino se vuelve más humano y evangélico.
En este Jubileo, la sinodalidad es una escuela de esperanza. Nos recuerda que la Iglesia no es un conjunto de individuos, sino una comunión en camino. Y donde hay comunión, hay futuro.
P. Manuel Gilberto Hurtado Durán SJ
Facultad de Teología San Pablo
Universidad Católica Boliviana
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