En la Catedral Metropolitana San Sebastián se celebró la Santa Misa de Miércoles de Ceniza, presidida por Mons. Óscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba. de la Arquidiócesis de Cochabamba, y concelebrada por el P. Fernando Carrillo, sacerdote fidei donum
En su homilía, el P. Fernando Carrillo destacó que la Cuaresma es un itinerario, un camino espiritual que conduce hacia la Pascua de la Resurrección y culmina en la experiencia viva del misterio pascual. “No es simplemente un recuerdo —subrayó— sino una experiencia que nos transforma”.
Un camino con una ruta clara
El sacerdote explicó que este tiempo litúrgico tiene una ruta concreta marcada por la Palabra de Dios y por las orientaciones que la Iglesia, como madre y maestra, propone a través de sus parroquias y comunidades.
Refiriéndose al Evangelio, centró su reflexión en la invitación de Jesús: “Cuando ores, entra en tu habitación y cierra la puerta”. Aclaró que esta exhortación no implica aislamiento, sino una vivencia personal y profunda de la fe dentro de la comunidad. La conversión —indicó— comienza en el corazón, allí donde brotan tanto las fragilidades como la posibilidad de renovación.
Tres dimensiones del itinerario cuaresmal
El P. Carrillo desarrolló las tres prácticas fundamentales de la Cuaresma: oración, limosna y ayuno.
La oración, explicó, restablece la comunión íntima con Dios. Invitó a los fieles a intensificar su vida espiritual, no como una carga, sino como una oportunidad para fortalecer la relación con el Señor, tanto en lo personal como en lo comunitario.
La limosna o caridad es expresión concreta de un corazón que se sabe amado por Dios. La auténtica solidaridad, afirmó, comienza en el hogar y se expande hacia los demás como ondas que alcanzan cada vez más lejos.
El ayuno, finalmente, es un trabajo interior. Más allá de la privación material, significa reconocer las propias debilidades y potenciar las virtudes. Es un ejercicio de autoconocimiento iluminado por la oración silenciosa, que permite ordenar la vida según la voluntad de Dios.
Recibir las cenizas con propósito firme
Antes de la imposición de las cenizas, el sacerdote animó a los fieles a acercarse con fe profunda, no como un simple gesto externo, sino con un compromiso interior de conversión.
Recordó que estas prácticas no son exclusivas de la vida religiosa, sino que forman parte del llamado universal a la santidad propio de todo bautizado.
La celebración concluyó en un clima de recogimiento y esperanza, marcando el inicio de un tiempo de gracia para la Iglesia cochabambina, con la invitación a restablecer la comunión con Dios, con los demás y con uno mismo, en preparación para la Pascua.

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