En la celebración del Primer Domingo de Cuaresma, Mons. Oscar Aparicio invitó a la comunidad a vivir este tiempo litúrgico como un verdadero camino de conversión, recordando que se trata de un itinerario espiritual que conduce hacia la Pascua.
Al inicio de su homilía, el Arzobispo señaló que estamos “iniciando este camino cuaresmal, de preparación hacia la Pascua”, subrayando que este tiempo exige una actitud sincera de escucha y cambio interior. Recordó el llamado central de la Iglesia: “Conviértete, cree en el Evangelio”, así como la conciencia de nuestra fragilidad: “Del polvo vienes, al polvo retornarás”.
Reconocer nuestra fragilidad
Reflexionando sobre el libro del Génesis, Mons. Aparicio explicó que la Palabra de Dios no solo habla de Adán y Eva, sino de cada uno de nosotros. “Habla también de ti, de mí”, afirmó, recordando que el ser humano “ha sido creado para la vida, para la felicidad, para el gozo pleno”.
Sin embargo, advirtió que la raíz del pecado está en la tentación de prescindir de Dios. “En la raíz profunda de todo mal está esta situación concreta: prescindir de Dios”, expresó. Y añadió con claridad: “Somos criaturas y no dioses”.
El Arzobispo llamó a examinar aquellas actitudes en las que el hombre pretende autosuficiencia: “No te viene la vida de tu autoafirmación, de tu autorrealización, de tus proyectos, de tus planes, de tus fuerzas”.
Cristo, el nuevo Adán
Al comentar la segunda lectura, presentó a Jesucristo como el nuevo Adán, “la nueva creación”, aquel que “entra en la tentación, pero no cae en el pecado”. En este sentido, explicó que el desierto no es solo prueba, sino también gracia: “No todo es malo en el desierto. No todo es malo en la crisis, en la soledad, en la enfermedad”.
Las tentaciones de Jesús y las nuestras
Meditando el Evangelio, Mons. Aparicio destacó la primera tentación: “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, recordando que el verdadero alimento es la Palabra.
Sobre la segunda tentación, advirtió que la religión no puede ser utilizada para manipular a Dios, citando la respuesta de Jesús: “No tentarás al Señor tu Dios”.
Y frente a la tercera tentación, relacionada con el poder y la gloria, proclamó con fuerza las palabras de Cristo: “Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor tu Dios y a Él solo rendirás culto”.
El Arzobispo alertó que la corrupción y el pecado nacen cuando se cree que la fama y el poder traerán la felicidad, insistiendo en que solo Dios es la fuente verdadera de vida.
Llamado a vivir la Cuaresma con autenticidad
Finalmente, Mons. Aparicio recordó que “la tentación no es el pecado, pero todo ser humano es tentado”, e invitó a los fieles a pedir la gracia para enfrentar las pruebas con la fuerza de la Palabra.
Con esta reflexión, la Iglesia arquidiocesana inicia el tiempo cuaresmal con una invitación clara: reconocer nuestra condición de criaturas, volver el corazón a Dios y caminar hacia la Pascua con espíritu renovado.
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