En medio de una sociedad donde muchas mujeres enfrentan situaciones de violencia, explotación sexual o exclusión social, el Centro de Escucha Sayari Warmi, impulsado por la congregación de las Congregación de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento, se ha convertido en un lugar de acogida, acompañamiento y reconstrucción de proyectos de vida en la ciudad de Cochabamba.
Desde este espacio, hermanas religiosas y un equipo interdisciplinario trabajan silenciosamente para brindar apoyo integral a mujeres que buscan salir de contextos de vulnerabilidad. Su labor se inspira en el carisma de la congregación: adoración a Jesús en la Eucaristía y liberación de la mujer en situaciones que limitan su dignidad y libertad.
Un trabajo silencioso para proteger a las mujeres
La hermana Dinah Eldiz Céspedes, superiora de la comunidad en el sector de La Chimba, explica que la labor del centro se realiza con un perfil discreto para proteger la identidad de las mujeres que reciben apoyo.
Según la religiosa, el objetivo es resguardar la dignidad de quienes acuden al centro. Por ello, muchas de las actividades se desarrollan con bajo perfil, priorizando el cuidado y la confidencialidad de las mujeres atendidas.
Este compromiso tiene raíces profundas. Desde su fundación en 1856, la congregación ha trabajado con mujeres en contextos de vulnerabilidad, y hoy su misión se amplía para acompañar situaciones complejas como la trata y tráfico de personas, la migración y la explotación sexual.
Tres poblaciones acompañadas
El centro atiende actualmente a tres grupos principales de mujeres.
El primero está conformado por adolescentes que han sido víctimas de violencia o trata y que, tras un proceso de intervención, se encuentran nuevamente con sus familias. En estos casos el equipo brinda acompañamiento terapéutico tanto a las jóvenes como a sus entornos familiares para facilitar su recuperación y reintegración.
El segundo grupo lo integran jóvenes que, habiendo atravesado situaciones de violencia en el pasado, necesitan apoyo para continuar con sus estudios. Para ellas se habilitó una residencia estudiantil, donde reciben apoyo en vivienda, alimentación, salud y formación profesional.
El tercer grupo está conformado por mujeres en situación de vulnerabilidad social, muchas de ellas expuestas a contextos de explotación o violencia. En estos casos el acercamiento comienza con trabajo de campo en espacios de riesgo, donde el equipo del centro establece contacto y ofrece acompañamiento.
Formación y oportunidades para un nuevo comienzo
Uno de los pilares del proyecto es la capacitación técnica y el fortalecimiento de la autonomía económica de las mujeres.
Entre las actividades formativas se encuentran talleres cortos y modulares en áreas como chocolatería, repostería, costura o computación. Estas capacitaciones no solo buscan enseñar habilidades, sino generar oportunidades reales de ingresos para las participantes.
En muchos casos, las mujeres utilizan lo aprendido para iniciar pequeños emprendimientos que les permiten sostener a sus familias. El año pasado, por ejemplo, 34 mujeres participaron en los cursos de formación, y diez de ellas ya comenzaron procesos de emprendimiento acompañados por el centro.
El proceso, sin embargo, va más allá de la capacitación técnica. El equipo también trabaja en el acompañamiento psicológico, el fortalecimiento de la autoestima y la reconstrucción de proyectos de vida.
Educación para construir futuro
Para las jóvenes que viven en la residencia, el apoyo incluye también la posibilidad de continuar sus estudios.
Algunas terminan la secundaria mientras se capacitan en carreras técnicas como repostería, prótesis dental, cosmetología o incluso veterinaria. Gracias a este acompañamiento, varias jóvenes han logrado culminar su bachillerato y comenzar su formación profesional.
Una vez concluidos sus estudios, el centro las acompaña en la transición hacia la vida independiente, apoyándolas para encontrar trabajo o desarrollar sus propios proyectos.
Un proceso integral y comunitario
El Centro Sayari Warmi cuenta con un equipo interdisciplinario conformado por trabajadoras sociales, psicólogas, educadoras y religiosas, que atienden tanto a las mujeres como a sus hijos.
Mientras las madres participan en las actividades formativas o terapéuticas, los niños reciben apoyo educativo, recreativo y acompañamiento.
Además, el trabajo del centro incluye acciones de prevención en unidades educativas. Solo en la gestión pasada se llegó a 750 estudiantes con programas de formación sobre trata de personas, violencia y prevención del bullying y la violencia digital.
Un mensaje de esperanza para las mujeres
En el marco del Día Internacional de la Mujer, las responsables del centro enviaron un mensaje de esperanza y motivación.
“Las mujeres somos criaturas hechas por amor y con muchas capacidades y sueños. Si encontramos apoyo, debemos aprovecharlo para salir adelante”, expresó la hermana Céspedes.
Asimismo, animó a las mujeres que viven situaciones difíciles a buscar ayuda y no permanecer en silencio. El centro mantiene sus puertas abiertas para escuchar, acompañar y ofrecer nuevas oportunidades.
“Somos mujeres valientes, con grandes sueños. En medio de las dificultades sociales, podemos apoyarnos entre nosotras y construir un futuro mejor”, concluyó.


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