Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa con un llamado a reconocer a Cristo como Rey y Salvador
En el marco de la celebración del Domingo de Ramos, el Arzobispo de Cochabamba, Mons. Óscar Aparicio, destacó el profundo significado de esta jornada litúrgica que da inicio a la Semana Santa, invitando a los fieles a vivirla con fe, recogimiento y coherencia cristiana.
Mons. Aparicio explicó que, como es tradición en todas las parroquias, la celebración inicia con la proclamación del Evangelio y la procesión con palmas, un gesto que recuerda la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. “Reconocemos que Cristo entra en Jerusalén, y lo aclamamos como Rey, reconociendo su gloria y su presencia entre nosotros”, señaló.
Sin embargo, el Arzobispo subrayó el carácter paradójico de esta celebración, ya que, tras la alegría de la procesión, la liturgia introduce la lectura de la Pasión del Señor. “Es un momento irónico, en el que pasamos de aclamar con palmas a contemplar el sufrimiento y la entrega total de Jesús, quien da su vida por todos nosotros”, afirmó.
De este modo, el Domingo de Ramos abre paso a la vivencia del Triduo Pascual, centro de la fe cristiana, que comprende el Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y el Domingo de Pascua. Durante estos días se conmemoran los misterios fundamentales de la fe: la institución de la Eucaristía, la adoración de la Cruz, la sepultura del Señor y, finalmente, la celebración de la Resurrección, considerada como “la Pascua de las Pascuas”.
Asimismo, Mons. Aparicio informó que la Misa Crismal, que tradicionalmente se celebra el Jueves Santo, será adelantada al martes de la Semana Santa, con el objetivo de facilitar la participación de sacerdotes provenientes de parroquias alejadas. En esta celebración, además de la bendición de los óleos, los sacerdotes renovarán sus promesas sacerdotales en un signo de comunión eclesial.
Finalmente, el Arzobispo invitó a todos los fieles a vivir este tiempo con profundidad espiritual: “El Domingo de Ramos es reconocer a Jesús como nuestro Rey, alabarlo y creer en Él; pero también es aceptar su entrega en la cruz, donde nos salva y nos redime”.
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