En el marco de la celebración eucarística, hoy Domingo de Ramos, en un santuario de Urcupiña, Mons. Iván Vargas, Obispo Auxiliar, dirigió una profunda homilía centrada en el sentido espiritual de la Semana Santa, exhortando a los fieles a vivir este tiempo litúrgico con autenticidad, alejados de la superficialidad y profundamente unidos al amor de Cristo.
Al inicio de su mensaje, el prelado agradeció la participación de los distintos grupos pastorales, cofradías y fieles presentes, destacando especialmente el servicio de los pasantes y el compromiso de los movimientos parroquiales, que contribuyen a la vida activa de la comunidad eclesial.
La mirada de Cristo que no abandona
Reflexionando sobre el Evangelio de San Juan, Mons. Vargas destacó la escena de Jesús en la cruz junto a su madre María. Subrayó que la mirada de Cristo hacia su madre es una mirada cargada de compasión, cercanía y fidelidad, que no abandona en el sufrimiento.
“El Señor también fija su mirada en cada uno de nosotros, especialmente en medio del dolor. No estamos solos. Él se conmueve ante nuestras heridas y permanece a nuestro lado”, afirmó.
En esta línea, invitó a los fieles a reconocer la presencia de Dios incluso en los momentos difíciles, descubriendo en el sufrimiento una oportunidad para experimentar su amor misericordioso.
María, signo del amor y ternura de Dios
El obispo auxiliar resaltó además la figura de la Virgen María como madre entregada a la humanidad: “En el rostro de María encontramos el rostro amoroso de Dios. Ella es signo de ternura, consuelo y acompañamiento en nuestro camino de fe”.
Asimismo, animó a los creyentes a acercarse a María como madre que acompaña, especialmente en los momentos de prueba.
Un llamado a vivir la Semana Santa con profundidad
Mons. Vargas exhortó a toda la comunidad a vivir intensamente la Semana Santa, participando activamente en las celebraciones litúrgicas, desde el Domingo de Ramos hasta la Vigilia Pascual, destacando el sentido de cada uno de estos momentos: El Domingo de Ramos, como entrada humilde de Cristo a la vida del creyente. El Jueves Santo, como celebración del amor en la Eucaristía y el servicio. El Viernes Santo, como acompañamiento a Cristo en su pasión. La Vigilia Pascual, como la gran fiesta de la vida y la resurrección. “Que sea una semana de oración, reflexión y, sobre todo, de gratitud por la entrega total de Cristo en la cruz”, señaló.
Un llamado a la coherencia cristiana
“El verdadero ayuno no es el exceso disfrazado de tradición, sino un acto de sacrificio, acompañado de conversión interior: evitar la crítica, la mentira y la difamación”, enfatizó.
Finalmente, Mons. Vargas animó a los fieles a vivir los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo con un compromiso renovado, haciendo de esta Semana Santa un verdadero camino de conversión personal y comunitaria.
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