Con una solemne celebración eucarística realizada el domingo 8 de marzo a las 19:00, el Santuario de la Virgen de Urcupiña vivió el cierre de la Puerta Santa, un momento significativo dentro del camino espiritual del jubileo vivido por los fieles. La celebración fue presidida por Mons. Iván Vargas, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba y rector del santuario.
Durante su homilía, monseñor Vargas saludó a los fieles, ministros de la comunión y de la palabra, así como a las cofradías y grupos pastorales del santuario que participaron de esta celebración litúrgica. El obispo explicó que el cierre de la Puerta Santa marca la culminación de un tiempo especial de gracia que invitó a los creyentes a renovar su vida espiritual.
En su reflexión, el prelado recordó el legado del Papa Francisco, quien ha insistido en la necesidad de mantener viva la esperanza en medio de una humanidad marcada por diversas situaciones de sufrimiento. “Vivimos en una humanidad muchas veces humillada por las guerras, los conflictos, las divisiones familiares y los signos de muerte que vemos en nuestra realidad. Todo ello puede hacernos perder la esperanza”, señaló.
En este contexto, monseñor Vargas destacó que el jubileo ha sido un llamado a reavivar la esperanza como fuerza espiritual que nace de la confianza en Dios. Según explicó, el Santo Padre ha recordado que perder la esperanza significa debilitar las convicciones y la confianza en el Señor, por lo que es fundamental mantener viva esta virtud cristiana.
El obispo auxiliar también recordó que el año jubilar ha estado marcado por tres grandes llamados: experimentar la gracia de Dios, vivir el perdón y renovar la fe. “Ha sido un tiempo de gracia, un año para reconocer nuestras faltas, pedir perdón y renovar nuestro amor a Dios”, expresó.
A la luz del Evangelio proclamado durante la celebración, el pasaje del encuentro entre Jesús y la samaritana, monseñor Vargas invitó a los fieles a reflexionar sobre la “sed” espiritual que existe en la vida humana. Explicó que así como Jesús experimentó la sed en el desierto, también hoy la humanidad tiene sed de Dios.
En su mensaje, el obispo identificó diversas “sedes” presentes en la vida de las personas: sed de vida, de amor, de paz, de justicia, de alegría y de verdad. Señaló que estas búsquedas profundas solo encuentran plenitud cuando el ser humano abre su corazón a la presencia de Dios.
“Tenemos sed de vida, por eso cuidamos nuestra salud; sed de amor, porque todos necesitamos sentirnos amados; sed de paz, que nace de una conciencia tranquila; sed de justicia, para vivir con rectitud; sed de alegría que brota de la presencia de Dios; y sed de verdad, que nos hace libres”, afirmó.
Finalmente, el obispo exhortó a los fieles a continuar viviendo con esperanza y coherencia cristiana más allá del cierre del jubileo, permitiendo que lo vivido durante este tiempo de gracia marque la vida de cada creyente.
La celebración concluyó con una oración por la bendición de la semana y la renovación de la fe de los fieles presentes, quienes participaron con profunda devoción en este acto que marcó el cierre de la Puerta Santa en el Santuario de Urcupiña.


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