La Arquidiócesis de Cochabamba clausura la Puerta Santa del Jubileo como signo de esperanza y misión
En un clima de profunda comunión eclesial, la Arquidiócesis de Cochabamba celebró la Eucaristía del cierre de la Puerta Santa en la Catedral Metropolitana San Sebastián, el pasado viernes 27 de febrero culminando así el Año Jubilar vivido bajo el espíritu de los Peregrinos de la Esperanza.
Durante su homilía, Mons. Óscar Aparicio explicó que el gesto de cerrar la Puerta Santa no es simplemente un acto simbólico externo, sino un signo con profundo significado espiritual. “Si se la ha abierto, hay que cerrarla”, expresó, señalando que este gesto marca la conclusión de un tiempo especial de gracia convocado por el Papa Francisco para el Año Jubilar 2025.
El Arzobispo recordó que este tiempo fue una oportunidad privilegiada para experimentar la misericordia y el amor de Dios, particularmente a través del paso por la Puerta Santa, signo de conversión, perdón e indulgencia. “Dios te ama entrañablemente”, afirmó, subrayando que, pese a las dificultades y alejamientos, el Señor siempre manifiesta su misericordia.
Mons. Aparicio destacó que el Jubileo no fue una vivencia individualista, sino comunitaria: “Nuestro ser peregrinos de esperanza no es sólo personal; es como comunidad, como familia, como pueblo de Dios que se pone en camino”. En este sentido, exhortó a que el espíritu jubilar se traduzca en actitudes concretas de reconciliación, perdón y caridad en las familias y comunidades.
“El objetivo del Año Jubilar es que todo quede reconciliado, que el amor de Dios inunde nuestros corazones y nos capacite para perdonarnos entre nosotros”, señaló, invitando a mantener viva la esperanza que “no defrauda”, porque Dios es rico en amor y misericordia.
El Pastor arquidiocesano fue enfático al aclarar que el cierre de la Puerta Santa no significa el cierre del amor de Dios. “No estamos cerrando el amor infinito de Dios; estamos clausurando el Año Jubilar para seguir caminando”, afirmó. La Iglesia continúa su peregrinar, avanzando “de Pascua en Pascua”, sostenida por la certeza de que nada puede separarnos del amor de Dios.
En comunión con la Iglesia universal y junto al Papa León XIV, Mons. Aparicio reafirmó que ni la tribulación, ni la adversidad, ni siquiera la muerte pueden apartar al creyente del amor del Señor. “Caminamos a paso seguro”, dijo, recordando que la meta última es participar plenamente de la gloria de Dios.
Asimismo, el Evangelio proclamado fue presentado como palabra de consuelo para quienes se sienten cansados en el camino. “Vengan a mí los que están cansados y agobiados”, citó el Arzobispo, animando a los fieles a apoyarse en Cristo, manso y humilde de corazón.
Finalmente, explicó que la Arquidiócesis vivió su año jubilar desde febrero de 2025 hasta esta fecha, en sintonía con el calendario pastoral local, clausurándolo ahora con la mirada puesta en el próximo Jubileo.
“Seguimos peregrinos. Seguimos en camino hacia el encuentro con Jesucristo. Nada nos puede apartar del amor de Dios”, concluyó Mons. Aparicio, encomendando a todos a la misericordia del Señor.
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