En la Catedral Metropolitana, la Iglesia de Cochabamba celebró la Misa Crismal, presidida por el Arzobispo, Mons. Óscar Aparicio, junto al clero diocesano y religioso, diáconos permanentes, seminaristas y fieles laicos, en una manifestación de comunión eclesial.
Durante su homilía, el prelado destacó que esta celebración reúne a la Iglesia como “Cuerpo Místico del Señor”, en medio de un mundo marcado por divisiones, violencia y sufrimiento, subrayando la urgencia de ser signo de unidad y fraternidad.
A la luz de la Palabra de Dios, Mons. Aparicio recordó que la libertad y la vida son dones fundamentales que deben ser protegidos, afirmando que “a nadie le es lícito tomar la vida de otro ser humano”. Asimismo, resaltó que la comunión cristiana se fundamenta en la gratuidad, la libertad y la generosidad, inspiradas en Jesucristo, Pan compartido y Sangre entregada.
Refiriéndose al Evangelio, enfatizó que la misión de Cristo continúa vigente hoy: “Hoy, aquí en Cochabamba, Jesús cumple esta Palabra… y la cumple en nosotros y entre nosotros”.
En este sentido, animó a los sacerdotes a ser presencia viva de Cristo en medio del pueblo, especialmente en el sufrimiento, la búsqueda de sentido y la soledad.
En la celebración se realizó la bendición del óleo de los enfermos, del óleo de los catecúmenos y la consagración del Santo Crisma. El Arzobispo explicó que estos signos sacramentales comunican la gracia de Dios en la vida concreta de los fieles, llevando fortaleza, sanación y consagración.
“Es Dios mismo quien toca la vida del pueblo”, afirmó, exhortando a los sacerdotes a ejercer su ministerio con dignidad, respeto y profunda conciencia de su misión.
Uno de los momentos centrales fue la renovación de las promesas sacerdotales. Mons. Aparicio reconoció las dificultades del ministerio —cansancio, incomprensiones y responsabilidades—, pero alentó a los sacerdotes a redescubrir la grandeza del don recibido en la ordenación.
Enfatizó también la necesidad de la santidad de vida, recordando que el sacerdote está llamado a ser mediador entre Dios y los hombres, configurado con Cristo y servidor del Pueblo de Dios.
Asimismo, invitó a dejarse renovar por el Espíritu Santo: “Que el Santo Crisma vuelva a brillar en nuestra vida y ministerio”.
Finalmente, el Arzobispo pidió a los fieles acompañar a sus sacerdotes con la oración, para que vivan su vocación con fidelidad y entrega, y para que surjan nuevas vocaciones sacerdotales.
La celebración concluyó con la invocación a la Virgen María, confiando el caminar de la Iglesia local a la intercesión de la Virgen de Urkupiña.
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