En una celebración colmada de fe y devoción guadalupana, el P. Antonio Alcocer, Vicario General de la Arquidiócesis de Cochabamba, presidió la misa en honor a la Virgen de Guadalupe en la Catedral Metropolitana. Durante su homilía, destacó que “hoy América está de alegría”, recordando que la Guadalupana es patrona del continente y signo de unidad para todos los pueblos.
El Vicario General subrayó que la auténtica devoción mariana conduce siempre a Jesucristo: “Por María a Jesús. No podemos quedarnos en un fanatismo solo hacia María o solo hacia Guadalupe; ella nos enseña a adorar y contemplar a Jesús”. Invitó a imitar la prontitud de la Virgen, que acude sin demora al encuentro de Dios, actitud que —afirmó— debe caracterizar al cristiano: caminar rápido hacia el Señor, alimentarse de la Eucaristía y vivir la fe con disponibilidad.
Recordando el pasaje bíblico del encuentro entre María e Isabel, el P. Alcocer exhortó a la asamblea a reconocer con humildad la gracia de Dios: “¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a visitarme? Es la gracia de Dios que siempre nos da más de lo que merecemos”. Asimismo, evocó las palabras que la Virgen de Guadalupe dirige a Juan Diego: “¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?”, animando a los fieles a no tener miedo de anunciar el Evangelio ni de manifestar públicamente su identidad mariana y guadalupana.
Durante la homilía, el Vicario General llamó a superar la incredulidad frente al milagro permanente de la Eucaristía. “A veces nos portamos escépticos al milagro más grande de la humanidad: el Cuerpo y la Sangre del Señor”, señaló, recordando que la fe se fortalece en la adoración y en la acción de gracias.
Dirigiéndose a los fieles que portaban imágenes de la Guadalupana, el sacerdote los invitó a no quedarse solo en el símbolo externo, sino a vivir una fe activa que se haga visible en obras de misericordia: “Que nuestras acciones con los descartados y los más vulnerables sean de compasión. No solo imagen, sino vida concreta”.
El P. Alcocer animó a perseverar en el rezo del Santo Rosario y, sobre todo, en la participación frecuente en la Eucaristía, fuente de fortaleza para el caminar cristiano. “Dios y la Virgen de Guadalupe saben bendecir, proteger y restaurar a los corazones agradecidos”, afirmó, recordando que la gratitud abre espacio a la acción de Dios en la vida de cada creyente.
Finalmente, invitó a agradecer el don de haberse reencontrado como comunidad un año más y a pedir para 2025 “vida con salud”, confiando en que lo demás “vendrá por añadidura”. Concluyó alentando a que toda la vida del creyente sea “una acción de gracias” bajo la protección maternal de la Virgen de Guadalupe.

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