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Pastoral Familiar en Bolivia: acompañar, acoger y guiar también en las heridas


En un contexto social donde las realidades familiares son cada vez más diversas y complejas, la Pastoral Familiar en Bolivia viene impulsando un cambio de enfoque: pasar de una pastoral centrada únicamente en familias “constituidas” a una pastoral verdaderamente inclusiva, que reconozca y acompañe todas las situaciones familiares. Así lo explica María Beysabel Espinoza Verástegui, colaboradora de la Pastoral Familiar Bolivia, quien detalla los avances, desafíos y líneas de acción que se vienen trabajando a nivel nacional.

A la luz de Amoris Laetitia: acoger sin excluir

La exhortación apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco propone una mirada pastoral centrada en la acogida, el discernimiento y la integración de las personas que atraviesan situaciones de separación o divorcio, reafirmando el compromiso de la Iglesia con quienes viven estas realidades.

El documento subraya la necesidad de un acompañamiento cercano y personalizado: “un discernimiento particular es indispensable para acompañar pastoralmente a los separados, los divorciados y los abandonados”. En este sentido, se destaca la importancia de reconocer y valorar el sufrimiento de quienes han vivido rupturas dolorosas, especialmente en casos de injusticia o maltrato.

Asimismo, la exhortación recuerda que el perdón no es un proceso fácil, pero sí posible con la ayuda de la gracia, por lo que propone fortalecer una “pastoral de la reconciliación y de la mediación”, incluso mediante la creación de centros de escucha especializados en las diócesis.

Desde el año 2022, la Pastoral Familiar de Bolivia ha asumido una línea clara: reconocer que todos tienen familia, aunque esta no responda a un modelo tradicional.

“Antes se trabajaba principalmente con matrimonios consolidados, con esposo y esposa. Quienes no estaban en esa situación, simplemente no participaban”, explica Espinoza. Sin embargo, esta visión ha ido cambiando progresivamente.

Hoy, la Iglesia en Bolivia busca generar conciencia en todas las jurisdicciones pastorales de que existen múltiples formas de vivir la experiencia familiar: familias monoparentales, personas divorciadas, hombres y mujeres que crían solos a sus hijos, y situaciones de fragilidad que requieren acompañamiento. “Todos son familia. No podemos hacer a un lado a nadie”, enfatiza.

Este nuevo enfoque encuentra sustento en el capítulo VIII de Amoris Laetitia, donde el Papa Francisco aborda el acompañamiento a las personas en situaciones “irregulares”, como el divorcio. Este capítulo propone tres verbos clave que hoy marcan la acción pastoral: Acompañar: caminar junto a las personas en sus procesos. Discernir: comprender cada situación concreta, evitando juicios generalizados e integrar: evitar cualquier forma de exclusión dentro de la vida eclesial.

En coherencia con esta enseñanza, la Pastoral Familiar en Bolivia promueve que las personas divorciadas o que viven situaciones complejas no se sientan alejadas de la Iglesia, sino parte activa de ella. “No se trata de excluir, sino de acompañar, acoger y guiar”, señala Espinoza.

Amoris Laetitia también pone énfasis en la atención a las personas divorciadas que no han contraído una nueva unión. En estos casos, se alienta a encontrar en la Eucaristía un sustento espiritual: “hay que alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar […] a encontrar en la eucaristía el alimento que las sostenga en su estado”.

El documento advierte que, en muchos contextos, estas personas reciben poca atención pastoral, pese a que su fidelidad al sacramento del matrimonio constituye un testimonio valioso para la comunidad cristiana.

Testimonios que evangelizan

Un aspecto innovador es la valoración de quienes han vivido situaciones difíciles. Según el documento “Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial” (2022), estas personas incluso pueden convertirse en guías dentro de la pastoral.

“Aquellos que han sufrido, pero han salido adelante con fidelidad, pueden ofrecer un testimonio muy valioso a jóvenes y parejas”, destaca Espinoza.

Esto rompe con la idea de que solo los matrimonios “perfectos” pueden participar en la pastoral, abriendo espacio a una Iglesia más realista y cercana.

Una nueva propuesta para la preparación al matrimonio

Otro eje fundamental del trabajo pastoral de la Pastoral Familiar de Bolivia es la prevención. Desde 2023, se viene desarrollando en Bolivia una adaptación del documento vaticano sobre itinerarios catecumenales para la vida matrimonial. 

Esta propuesta plantea un acompañamiento integral en varias etapas: Desde la niñez: presentar el matrimonio como una vocación y una bendición. En la juventud: formar una visión madura del amor y la relación de pareja. Antes del matrimonio: procesos formativos más profundos y después del matrimonio: acompañamiento mínimo de 2 a 3 años. “El inicio de la convivencia es el momento más crítico, donde surgen las dificultades reales”, señala Espinoza.

La propuesta ya ha sido respaldada por los obispos de Bolivia y se trabaja en la elaboración de materiales que podrán ser utilizados en todas las diócesis del país.

Inspirada por Amoris Laetitia, la Iglesia busca ser un espacio donde nadie quede fuera, especialmente quienes viven situaciones difíciles como el divorcio.

Un llamado a los matrimonios jóvenes

Finalmente, Espinoza dirige un mensaje claro a las nuevas generaciones: “Formar una familia es algo muy serio. Requiere preparación, compromiso y apertura al cambio”. Invita a los jóvenes a reflexionar profundamente sobre su decisión, a trabajar en sus actitudes personales y a buscar orientación en matrimonios con experiencia. El objetivo es claro: construir familias sólidas y evitar rupturas futuras.

El camino que propone la Pastoral Familiar en Bolivia no es sencillo, pero responde a una necesidad urgente: acompañar la realidad concreta de las personas.


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