Nuncio Apostólico anima a los Obispos de Bolivia a renovar la misión evangelizadora desde la esperanza pascual y la familia
En el marco de la CXVIII Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Boliviana, el Nuncio Apostólico en Bolivia, Mons. Fermín Emilio Sosa Rodríguez, dirigió un mensaje fraterno a los Obispos, transmitiendo también las bendiciones del Papa León XIV. En un ambiente marcado por la alegría pascual, destacó el sentido profundo de la Resurrección de Cristo como fundamento de la esperanza cristiana y motor de la misión de la Iglesia en el mundo actual.
Durante su intervención, el representante del Santo Padre subrayó la importancia de este encuentro episcopal como espacio de discernimiento pastoral, en el que los Obispos están llamados a analizar los desafíos que enfrenta el Pueblo de Dios en Bolivia. Asimismo, recordó la próxima Visita Ad Limina Apostolorum, que realizarán en noviembre, como un momento privilegiado de comunión con el Sucesor de Pedro y de renovación espiritual para la Iglesia en el país.
El Nuncio hizo especial énfasis en uno de los grandes retos de la Iglesia hoy: la transmisión de la fe, particularmente entre las nuevas generaciones. Citando al Papa León XIV, advirtió sobre la creciente ruptura en la transmisión generacional del Evangelio, lo que invita a redescubrir la alegría de evangelizar a través de un testimonio auténtico de vida cristiana. En este sentido, remarcó que es Cristo quien atrae y renueva a la Iglesia, y que toda acción evangelizadora debe nacer del encuentro vivo con Él.
Asimismo, destacó la urgencia de promover un humanismo integral y solidario, capaz de responder a los desafíos sociales, económicos y culturales actuales, iluminando la realidad con la luz del Evangelio. En este contexto, valoró el tema central de la Asamblea: “La familia, semillero de fe y escuela de caridad”, señalando que la familia es la primera educadora en la fe y el núcleo fundamental de la sociedad, hoy debilitado por diversas corrientes culturales.
Finalmente, Mons. Sosa Rodríguez exhortó a los Obispos a continuar su misión con fidelidad, promoviendo una Iglesia sinodal, cercana y comprometida con la realidad del pueblo boliviano. Encomendó los trabajos de la Asamblea a la protección de la Virgen María, pidiendo que el Señor ilumine y fortalezca a los pastores en su servicio evangelizador, para seguir anunciando con esperanza el Evangelio del amor.
Saludo al inicio de la CXVIII Asamblea Plenaria de la C.E.B.
Cochabamba, 14 de abril de 2026
Excelentísimo Mons. Aurelio Pesoa Ribera, O.F.M., Presidente de esta Conferencia Episcopal; Eminentísimo Cardenal Toribio Porco Ticona;
Excelentísimo Mons. Ricardo Ernesto Centellas Guzmán, Arzobispo de Sucre y Primado de Bolivia;
Excelentísimo Mons. Giovanni Arana, Secretario del Conferencia Episcopal Boliviana Excelentísimos Obispos; Sacerdotes, Diáconos, Religiosas y Religiosos; Colaboradores de la Conferencia Episcopal;
Miembros de la Prensa; Señores y Señoras:
Muy buenos días a todos:
Un saludo fraternal a todos y bendiciones de parte del Papa León XIV.
“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5b-6a). Estas fueron las palabras, que los dos hombres vestidos de blanco resplandeciente les dijeron a las mujeres, cuando éstas fueron al sepulcro a ver a Jesús.
Queridos hermanos en el episcopado y en el Señor, es para mí un honor poder acompañarlos en esta CXVIII (centésima décima octava) Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Boliviana, en la cual, como pastores de la Iglesia, estudiarán, analizarán y objetivarán los aciertos y los desafíos que afronta hoy el Pueblo de Dios en Bolivia.
Este año, la Iglesia en Bolivia, va a vivir un encuentro de comunión con el sucesor de los Apóstoles, con el Papa León XIV, cuando, como “peregrinos de la esperanza”, todos ustedes, como pastores, lleven a los pies de San Pedro y San Pablo, las oraciones, los trabajos, las dificultades, los desafíos y las esperanzas de todo el pueblo boliviano en su próxima Visita Ad Limina Apostolorum (a los umbrales de los apóstoles) que harán en noviembre próximo. Esta visita, estará marcada, por la encomienda que le dio Cristo a Pedro, de fortalecer a los demás apóstoles invitándolos a la conversión, a la fe y a la unidad evangélica.
He querido comenzar mi saludo con estas bellas palabras, que nos ofrece el evangelista Lucas, de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Cristo está vivo! no se quedó en el sepulcro, sino que, desde ese recinto de muerte, ¡el sepulcro!, nos da el mensaje de la vida. En nuestra vida cotidiana, ¿Qué nos puede ofrecer este pasaje? ¡Mucho!, ya que es el sentido real de nuestra existencia. ¡Dios nos da la vida, no la muerte! y desde las experiencias más difíciles que podamos tener en nuestra vida personal o eclesial, Dios nos da el sentido de la superación, ¡no todo está perdido!, y hay que seguir trabajando para la construcción del Reino en cada corazón abierto a Dios. La resurrección de Cristo, nos da la luz necesaria para seguir descubriendo la verdad del hombre, su dignidad humana y su relación con lo demás.
En un mundo, en donde todavía nos enfrentamos los unos a los otros, en donde los valores humanos y cristianos se van ridiculizando y alejándolos de la esfera pública, en “una economía donde se pone en primer lugar el lucro” ¿Cuál seguiría siendo la propuesta de Cristo en nuestros días? ¿Qué es lo que, como Iglesia, como pastores y fieles cristianos estamos llamados a ofrecer al mundo? Este año, el Papa León XIV, en su discurso a los participantes en la Sesión Plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la fe, el 29 de enero pasado, hizo mención sobre la importancia del tema de la transmisión de la fe diciendo que “en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana al pueblo católico” y ahondó diciendo que “aumenta el número de quienes ya no consideran el Evangelio como un recurso fundamental para su propia exigencia, especialmente entre las nuevas generaciones”, y concluyó sosteniendo “que si por una parte esto nos provoca dolor a los creyentes, por otra debe llevarnos a redescubrir la “dulce y confortadora alegría de evangelizar, que está al centro mismo de la vida y de la misión de la Esposa de Cristo”.
Nuestra misión como Iglesia, como consagrados, como fieles cristianos, es precisamente la transmisión de la fe desde nuestro testimonio de vida. Cuando faltamos a esta misión, nos hacemos distantes, no proclamamos la verdad en Cristo y alejamos de la salvación a muchos hermanos nuestros. De aquí, la importancia de una verdadera y profunda evangelización que inicie con la convicción de que solo en Cristo podremos renovar nuestras vidas: el Papa León nos dice que “el fundamento de la vida del Cuerpo de Cristo es el amor del Padre, que se nos ha revelado en el Hijo hecho hombre, presente y operante en nosotros por el don del Espíritu: por eso, “no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo, y si un cristiano o una comunidad eclesial atrae, es porque a través de ese “canal” llega la savia vital de la caridad que brota del Corazón del Salvador” (ibid.).
La Comisión Teológica Internacional, en ocasión del 60º (sexagésimo) aniversario de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes redactó un documento con un título muy sugestivo, una pregunta: “¿Quo vadis humanitas? (¿A dónde vas humanidad?). Este título nos invita a reflexionar hacia dónde vamos como especie humana, como Iglesia, como sociedad. Como pastores ¿hacia donde dirigimos el corazón de nuestros fieles? La Gaudium et Spes, nos recuerda el documento, nos propone de forma sistemática una visión del ser humano iluminado por el misterio de Cristo. “Hoy se ve en la necesidad de proponer una antropología cristiana en un diálogo abierto y critico en las instancias mas recientes de las culturas y de la experiencia humana” (7). Es por eso, que este documento nos propone, por la urgencia, de un humanismo integral y solidario “que pueda animar un nuevo orden social, económico y político, fundando sobre la dignidad y la libertad de toda persona humana, que se actúa en la paz, la justicia y la solidaridad” (ibid.).
En esta realidad que se vive en el mundo, y en la realidad que vive el pueblo boliviano, es imperante seguir buscando caminos de convivencia que sean iluminados con la luz de Cristo, para que las condiciones humanas y los derechos de cada ciudadano no se vean afectados por intereses personales y de grupo, sino que con el diálogo se pueda fundamentar una nueva sociedad que busque el bienestar de todos.
Es por eso, que el tema que han elegido para reflexionar en esta Asamblea es de crucial importancia: “La familia semillero de Fe y escuela de caridad”, ya que es la familia la primera educadora de los valores humanos y religiosos. Es la familia la educadora de la fe, considerada “Iglesia doméstica” ya que es la célula fundamental donde los padres transmiten las virtudes y valores cristianos a sus hijos mediante el testimonio, el amor y la oración. Es considerada la primera catequista. Esta definición de familia, se ha olvidado hoy en día en nuestras sociedades. La familia es el núcleo de toda sociedad humana. Las familias ya no son portadoras de las enseñanzas de los principios básicos de la humanidad y menos cristianos. Han dejado, y en ocasiones, han renunciado a estas obligaciones a otras organizaciones que han llevado a los hijos y a los jóvenes a desfigurar su propia identidad.
Es por eso, que el Papa León ha querido invitar a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo, para los días 7 al 14 de octubre, para reflexionar sobre el papel de las familias y de los matrimonios en el contexto actual.
Queridos hermanos en el episcopado, queridos hermanos en Cristo, el Señor continúa llamándonos para llevar a cabo su obra salvadora en la tierra y proclamar siempre la buena nueva del Evangelio, el evangelio del amor, el evangelio del Padre. Escuchemos también nosotros ese llamado para ejercer con responsabilidad nuestro ministerio episcopal, nuestro ministerio sacerdotal y nuestro ministerio laical, buscando siempre la santidad en nuestras vidas.
Que el Señor todopoderoso bendiga abundantemente su trabajo y los ilumine para buscar caminos de encuentro, de sinodalidad y de pertenencia. Que el ejemplo de María, en este tiempo pascual, sea modelo de alegría, fortaleza y unión y a ella le confiamos los trabajos a realizar, a las familias y a nuestro acercamiento pastoral a cada una de ellas.
Dios los bendiga a todos
Fermín Emilio Sosa Rodríguez
Nuncio Apostólico
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