La parroquia San Pablo Apóstol de Capinota, en la Arquidiócesis de Cochabamba, continúa desarrollando su labor evangelizadora en un contexto marcado por importantes desafíos sociales, económicos y demográficos. Así lo dio a conocer el párroco, P. Hugo Saravia, quien compartió un panorama detallado de la realidad pastoral que vive esta jurisdicción.
Actualmente, el territorio parroquial abarca aproximadamente 29.000 habitantes, distribuidos en diversas comunidades. Sin embargo, uno de los fenómenos que más impacta en la vida pastoral es la migración constante. “Muchas personas están saliendo hacia el exterior, principalmente a Chile, Argentina y Brasil, lo que está dejando varias comunidades con menor población”, explicó el sacerdote.
Desafíos en la vida pastoral y comunitaria
En el ámbito pastoral, la parroquia cuenta con un número reducido de agentes, entre ellos alrededor de ocho catequistas, lo que evidencia la dificultad para involucrar a más personas en el servicio eclesial. Esta situación se ve agravada por factores económicos y educativos, ya que muchos jóvenes optan por trasladarse a la ciudad de Cochabamba para estudiar.
“El costo del transporte diario es elevado, alrededor de 30 bolivianos ida y vuelta, lo que al mes representa casi 900 bolivianos. Por eso, muchos prefieren alquilar en la ciudad y permanecer allá”, señaló el P. Saravia, subrayando cómo esta realidad incide directamente en la participación de los jóvenes en la vida parroquial.
A pesar de las dificultades, la parroquia mantiene activo el proceso de formación cristiana con cerca de 100 niños y adolescentes en catequesis, distribuidos entre los niveles de primera comunión y confirmación.
Otro de los desafíos importantes es el estado de la infraestructura parroquial. El salón parroquial requiere una intervención urgente debido al deterioro de su techo, el cual ya presenta riesgos. No obstante, se ha logrado gestionar un apoyo inicial para encarar este proyecto.
Impacto de la situación económica
El incremento en los costos de vida también afecta directamente la acción pastoral. El gasto en combustible, necesario para atender comunidades alejadas, representa una carga significativa. “Solo en gasolina se pueden gastar hasta 300 bolivianos en recorridos pastorales, lo que dificulta el acompañamiento constante”, indicó.
A esto se suman otras preocupaciones relacionadas con la estabilidad económica de las familias, lo que repercute en la participación comunitaria y en la sostenibilidad de las actividades parroquiales.
Fe viva en medio de las dificultades
A pesar de este panorama, la parroquia de Capinota mantiene viva su fe y dinamismo, especialmente a través de las celebraciones tradicionales que congregan a la población, como las fiestas de la Santa Veracruz y San Isidro, profundamente arraigadas en las comunidades rurales.

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