La parroquia de Santa Vera Cruz Tatala vive una de las expresiones de fe más profundas del Valle Alto cochabambino con la celebración del Señor de Santa Vera Cruz, una festividad que integra la riqueza de la tradición católica con las manifestaciones culturales propias de la región.
El párroco de la comunidad, P. Justino Mamani, explicó que uno de los elementos más representativos de esta celebración son las coplas, que brotan del corazón de los fieles como una manera cercana y sincera de dirigirse a Cristo crucificado.
“Las coplas expresan lo más interior de una persona, aquello que siente y le preocupa. Son palabras dirigidas a alguien muy cercano, de mucha confianza, que es el Señor de Santa Vera Cruz”, señaló el sacerdote, en el marco del Lanzamiento de la Fiesta hoy martes 28 de abril.
Según explicó, mientras la tradición del pueblo aporta estas expresiones culturales, la Iglesia ofrece el sentido espiritual de la cruz, donde los peregrinos encuentran a Jesús como fuente de consuelo, esperanza y respuesta a sus oraciones.
Durante esta festividad, numerosos fieles llegan hasta el santuario para pedir la bendición del Señor en tres aspectos fundamentales de la vida. El primero está relacionado con la producción agrícola, ya que muchas familias presentan sus mejores cosechas —papas, zanahorias, cebollas y otros frutos de la tierra como signo de gratitud.
Asimismo, quienes se dedican a la crianza de animales ofrecen signos vinculados a su trabajo cotidiano, pidiendo al Señor protección para sus animales y abundancia en sus hogares.
Otro de los pedidos más conmovedores es el de parejas que anhelan el don de un hijo. Con profunda fe, muchas personas acuden al Señor de Santa Vera Cruz para encomendarle ese deseo, encontrando en este lugar un espacio donde la esperanza renace.
“Es una festividad donde la vida surge, emerge y se manifiesta; por eso es una celebración que vale la pena fortalecer y promover”, afirmó el P. Mamani.
Actualmente, esta expresión religiosa y cultural avanza en gestiones para ser reconocida como patrimonio cultural por la UNESCO, destacando su valor espiritual y su importancia dentro de las tradiciones vivas del pueblo cochabambino.
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