Obispos de Bolivia reflexionan sobre los desafíos de la familia en un contexto de crisis y cambio social
En el inicio de la CXVIII Asamblea de Obispos de Bolivia, Mons. Aurelio Pesoa, Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, destacó la importancia de reflexionar sobre la realidad de la familia en el contexto actual, a la luz del Evangelio y del magisterio de la Iglesia. En un ambiente de fraternidad episcopal y en el tiempo pascual, los pastores del país renovaron su compromiso de acompañar a las familias, reconociendo su papel fundamental como “Iglesia doméstica” y espacio privilegiado donde se vive y transmite la fe.
Durante la reflexión, se subrayó que el ideal cristiano del matrimonio y la familia enfrenta múltiples desafíos en la actualidad. Entre ellos, una cultura que prioriza el bienestar individual por encima del compromiso, el temor a las decisiones definitivas y la fragilidad de los vínculos. A esto se suman factores externos como la falta de empleo y vivienda digna, así como problemáticas internas como el egoísmo, la falta de compromiso y las rupturas familiares que afectan especialmente a los hijos. Asimismo, se alertó sobre tendencias culturales e ideológicas que inciden en la comprensión de la familia y debilitan sus fundamentos.
En el contexto nacional, los Obispos evidenciaron que estas dificultades se ven agravadas por una profunda crisis económica, la corrupción y el aumento de la pobreza, factores que golpean directamente a las familias bolivianas. Se señaló el incremento de la violencia intrafamiliar, la vulnerabilidad de las mujeres y situaciones extremas como el feminicidio. Además, se hizo referencia al impacto del narcotráfico, la precariedad en los sistemas de educación y salud, y la falta de oportunidades, especialmente en sectores más vulnerables. Ante este panorama, la Iglesia reafirma su compromiso de ser una voz profética y un acompañamiento cercano para las familias, promoviendo la esperanza, la justicia y la dignidad humana.
Finalmente, en el marco de la celebración pascual, los Obispos animaron a mirar con esperanza el futuro, confiando en la fuerza transformadora de Cristo resucitado, y encomendaron su misión a la intercesión de la Virgen María, para seguir construyendo una sociedad más justa, fraterna y reconciliada.
DISCURSO DE INAUGURACIÓN
CXVIII ASAMBLEA DE OBISPOS DE BOLIVIA
Abril, 2026
Bienvenidos, hermanos Obispos, a esta CXVIII (centésima décima octava) Asamblea. Es una bendición de Dios encontrarnos en ambiente de fraternidad episcopal, celebrando el tiempo pascual y ante la próxima visita al Santo Padre, la visita Ad Límina, que realizaremos el mes de noviembre de este año, ya que hemos sido convocados por el Papa León XIV (catorce) para ese ejercicio de comunión en la colegialidad, que es la visita a la madre de las Iglesias, Roma, para el encuentro con el Sucesor de Pedro, los diferentes Dicasterios, colaboradores del ministerio petrino y la renovación espiritual que supone la visita a las tumbas de los apóstoles y a las basílicas mayores de Roma.
Saludo fraternalmente a Su Eminencia el Cardenal Toribio Porco Ticona, Presidente Honorífico de nuestra Conferencia, que por motivos de salud no puede estar con nosotros.
Saludo de forma especial a Su Excelencia Reverendísima Mons. Fermín Emilio Sosa Rodríguez, Nuncio Apostólico en Bolivia, y al Secretario de la Nunciatura, Rvdo. P. Iván Joy Martis. Gracias por estar aquí, ayudándonos a hacer efectiva la comunión apostólica con el Santo Padre.
Saludo también a los representantes de los distintos sectores de la Iglesia, a los colaboradores de la Conferencia Episcopal, a los medios de comunicación y a todo el Pueblo de Dios.
DIFICULTADES DE LA FAMILIA HOY
El tema elegido para nuestra Asamblea, entre otros, es la realidad de la familia a la luz de la Carta Apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor), del Papa Francisco, quien nos transmite en este y tantos otros temas una visión realmente profética.
La carta nos invita a contemplar a Dios Trinidad, en el que las tres personas divinas conviven en amor eterno, y se convierte en fundamento e ideal de la vida familiar. Nos propone mirar a la Sagrada Familia, en la que conviven Jesús, María y José, afirmando que el matrimonio es el sacramento que consagra el amor humano, cuyas raíces se encuentran en la misma naturaleza humana: un hombre y una mujer, iguales en dignidad, distintos para ser complementarios, abiertos a la vida, en comunión y amor para siempre, hasta que la muerte los separe.
Un ideal: el matrimonio que es propuesto por el mismo Jesús cuando, en el Evangelio de Mateo 19, 6, afirma, refiriéndose al plan original de Dios en el libro del Génesis: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Lo que hace la Iglesia es custodiar y proponer lo que Jesús mismo enseñó.
Este ideal encuentra hoy no pocas dificultades para vivirlo, en una cultura que ensalza el bienestar personal sobre el mismo amor y que ha provocado un temor a las opciones definitivas para toda la vida, lo que hace que se pase toda la vida en una especie de prueba continua, sin asumir un compromiso para siempre.
Dificultades de fuera, como la falta de trabajo o de una vivienda digna; dificultades de dentro, como la falta de compromiso para toda la vida, con las rupturas que ello genera y el dolor que siembra en su entorno, particularmente en los hijos; el egoísmo en todas sus formas, que constituye la enfermedad del amor; las posturas antinatalistas, que conducen a sociedades envejecidas sin relevo generacional; además de las ideologías de género.
En la carta, el Papa nos llama a no rechazar a nadie, a no excluir a nadie. Y también nos invita a nosotros, como Iglesia, a preparar mejor el sacramento del matrimonio, durante un período más intenso de catequesis, para que los jóvenes descubran la belleza del plan de Dios y puedan disfrutarlo.
DIFICULTADES DE LA FAMILIA EN BOLIVIA
A estas dificultades comunes a todas las familias en el momento presente, hay que añadir las propias de la situación que vivimos en Bolivia, con una crisis económica profunda, heredada, fruto de un sistema económico cegado de ideología, unido a una corrupción generalizada que ha empobrecido a las familias bolivianas y las ha sumido en la pobreza.
Son muchas las familias que, en el país, están sufriendo condiciones de pobreza severa y viviendo en situaciones de alta precariedad, con las consecuencias que esta situación tiene: la ruptura de muchas familias, el aumento de la violencia intrafamiliar y la violencia contra la mujer, que en muchos casos desemboca en el triste y dramático feminicidio o incluso en el aborto como forma de control de la natalidad.
EL NARCOTRÁFICO IMPACTA NEGATIVAMENTE EN LAS FAMILIAS
Lamentablemente, en el país sigue siendo verdad lo que los Obispos de Bolivia afirmábamos en la Carta Pastoral “Hoy pongo ante ti la vida y la muerte”, del año 2016. Allí afirmábamos: “Nos mueve la preocupación por el creciente tráfico y consumo de drogas ilícitas que afectan seriamente a la población boliviana, en su mayoría jóvenes, que son víctimas de la vorágine insaciable de intereses económicos de quienes comercializan con la droga, con consecuencias negativas en las mismas personas que la consumen, en sus familias y en su entorno laboral y social”.
Esta afirmación se podría hacer hoy de la misma manera, pero aumentada con la preocupación por la creciente violencia, los ajustes de cuentas y la aparición de cárteles organizados de la droga que impactan negativamente en la paz social del país.
De la misma manera que los Obispos llamaban a las familias a no dedicarse a esta actividad delictiva e inmoral, lo hacemos hoy con las mismas palabras: “A quienes han encontrado en este mal una manera de hacer dinero, les reclamamos coherencia con su condición de persona humana y ser testigos de vida y no de muerte…”.
LA EDUCACIÓN Y LA SALUD
La familia en Bolivia enfrenta problemas añadidos, con un sistema educativo que ofrece escasas oportunidades debido a la baja calidad de la educación, y un sistema de salud que, ante la escasa y lenta atención, en muchos casos obliga a aceptar la muerte. Se ha hecho más propaganda que realidad. La verdad es que hemos retrocedido en la calidad del sistema educativo. Agradecemos y apoyamos los esfuerzos del gobierno para ayudarnos a salir de la triste situación en la que nos encontramos.
Nuestros niños y jóvenes de los colegios fiscales de zonas rurales y pobres no logran progresar en la comprensión de lo que leen ni en la resolución de problemas lógicos o matemáticos. No se les está dando las herramientas necesarias para resolver problemas con creatividad y capacidad de comprensión.
Necesitamos ponernos todos de acuerdo —maestros de primaria, secundaria, escuelas de formación del profesorado, universidades y autoridades— en el tipo de metodología que debemos implementar, y lograr que las universidades ofrezcan programas de formación de maestros con un alto nivel de competencias en nuevas metodologías didácticas.
Como Iglesia, ofrecemos nuestra experiencia y colaboración para fortalecer los colegios privados, de convenio y fiscales, así como la formación técnica y universitaria, para lograr juntos que nuestros jóvenes accedan al nivel que necesitan para transformar Bolivia y competir con los demás jóvenes del mundo.
Aprovecho para felicitar a la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” y agradecer todo el trabajo realizado en el país en sus 60 años de historia, ya que este año celebra este aniversario que da cuenta de una importante trayectoria de servicio a la calidad de la educación superior en el país. Los Obispos de Bolivia nos sentimos orgullosos del trabajo realizado y felicitamos a toda la comunidad universitaria.
En cuanto al sistema de salud, es necesario lograr un acceso universal a una atención de calidad y con calidez, que permita reducir aún más las tasas de mortalidad en el país y que el acceso a la atención en salud no sea un lujo, sino un derecho humano fundamental.
Un Estado que se precie debe garantizar el cuidado de todos sus ciudadanos y una atención sanitaria suficiente. En este, como en tantos otros temas, ha habido demasiada propaganda; pero la verdad es que la mayoría de nuestros hermanos sigue sufriendo penurias y continúa excluida del sistema de salud.
UNA IGLESIA AL SERVICIO DE LOS MÁS NECESITADOS
El Papa León XIV nos regaló el año pasado su primera exhortación apostólica, titulada Dilexi Te (“Te he amado”), centrada en el amor a los pobres y la denuncia de la cultura del descarte, recordándonos que no se puede ser Iglesia sin servir a los pobres, que lamentablemente, en este momento, aumentan en el país.
El Papa, en su exhortación apostólica, nos advierte con fuerza: “Es preciso seguir denunciando la dictadura de una economía que mata y reconocer que, mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz” (Dilexi Te, n.° 92).
Nuestras autoridades no deben olvidar este llamado del Papa, que nos invita a tener siempre en cuenta el progreso de los más pobres en las decisiones económicas, y a no contribuir a la desigualdad, sino a promover una economía que contribuya al desarrollo de todos, especialmente de los más excluidos.
Y no olvidemos, como Iglesia de Cristo, que la caridad con los enfermos, con los marginados de una educación de calidad, con los privados de libertad, con quienes no tienen un trabajo digno, con quienes no pueden llevar el pan a sus casas, con los excluidos, en definitiva, forma parte esencial del llamado que nos hace Cristo a transformar la vida personal y el mundo con la caridad cristiana.
CRISTO HA RESUCITADO: FELIZ PASCUA
Celebramos esta Asamblea en plena Pascua. Cristo ha resucitado. ¡Feliz Pascua para todos! Esta es la Buena Noticia del Evangelio que anunciamos desde el comienzo: la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.
Que la alegría de la resurrección impregne todos estos días de Asamblea y nos llene de alegría y esperanza.
El Dios de la paz y la justicia, el Dios del Reino, el Dios que ha resucitado a su Hijo, nos ayude a caminar hacia una humanidad y una Bolivia unida, reconciliada y fraterna.
Que María, Madre nuestra, acompañe nuestro servicio evangelizador, nos convierta y nos ayude a construir la paz y la justicia que necesitamos.
Muchas gracias.
Mons. Aurelio Pesoa Ribera, OFM
Obispo Vicario Apostólico del Beni
Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana
Comentarios
Publicar un comentario