El Arzobispo de Cochabamba, Mons. Oscar Aparicio exhorto hoy a los fieles a ser anunciadores de la salvación con alegría; convertidos en el Señor, podamos ser anunciadores de la salvación. Caminemos hacia la montaña. Que estas devociones nuestras, a San Joaquín, a Santana, que nuestras devociones nuestras a la Asunta de los Cielos en la Advocación de Urcupiña, en la Advocación de la Bella, nos conduzcan también a esta fidelidad para pasar por esta puerta estrecha y seamos con alegría y gozo anunciadores de la buena noticia, dijo durante su homilía dominical.
Se trata de
vivir bien nuestro ser católico. Se trata de vivir bien aquello que el Señor
nos ha regalado. Se trata de ser luz también que anuncia esta buena noticia a
todo el mundo, a todo el género humano, sobre todo y comenzando por nuestro
entorno, que es lo más difícil, ¿no es cierto? A nuestro entorno, porque nos
conocen, porque saben quiénes somos, porque saben dónde nos aprieta el zapato,
resaltó.
HOMILÍA DE MONS. OSCAR APARICIO
ARZOBISPO DE COCHABAMBA
DOMINGO 24 DE AGOSTO
Pero por otro lado, el segundo pie, diríamos así, es que como Iglesia, como este pueblo de Dios participa de la misión del Señor y por tanto nuestra misión también es el anuncio universal a todos. ¿La buena noticia en qué consiste? Lo que dice el Salmo. Consiste en que Dios ha venido al mundo y ha venido a salvar al género humano.
Bicentenario de las parroquias Santa Ana de Cala
Cala y San Joaquín de Jaihuayco
En la
universalidad consiste en todo esto. Diríamos que localmente también para
nosotros es que podemos estar en comunión, diríamos también, con lo que es
propio nuestro caminar de Iglesia. Cierto que a nivel de Iglesia Universal
estamos en el año jubilar, somos peregrinos de esperanza junto con todos los
hermanos y hermanas del mundo entero.
Aquí en
Cochabamba tenemos algo muy particular este tiempo, el bicentenario de las
parroquias Santana de Cala Cala y San Joaquín de Jaihuayco, al norte y al sur.
Hace 200 años han sido creadas estas parroquias. Vean que estamos en el bicentenario
y por tanto en comunión con todo lo que puede ser también estos inicios
propiamente ya de la evangelización o la presencia parroquial en nuestra
diócesis la celebramos con júbilo, con alegría, en comunión con los demás.
Tiene que
ver mucho por tanto lo que sea esta festividad o estas celebraciones del
bicentenario, no sólo enclavadas en el bicentenario de nuestra patria, de la
libertad de nuestra patria, sino enclavadas justamente en este propósito que la
Iglesia aquí en Cochabamba anuncia la salvación y además que la anuncia en este
sentido muy particular con la Virgen María. Porque no hay que olvidar, San
Joaquín, Santa Ana, los papás de María tienen las imágenes justamente tanto al
norte como al sur a la Virgen Niña, a la Virgen María. Son los abuelitos de
Jesús, ¿cierto? Por tanto, vean que marca, marca nuestra espiritualidad. Por
eso somos marianos.
Por eso
creo yo que la Virgen de Urcupiña en su advocación es propiamente la fuerza
grande de integración de lo que viene a ser también nuestra Iglesia aquí en
Cochabamba. Pero sin ir no muy lejos, también tenemos a la Bella, las dos
advocaciones de la Virgen María centradas justamente en nuestra espiritualidad,
Urcupiña y la Bella, la Virgen María asunta a los cielos.
Les invito
pues entonces, hermanos, a que de verdad nosotros nos alegremos y entremos en
esta espiritualidad, que sepamos que ciertamente nuestra misión y aquello que
celebramos íntimamente en el corazón pueda explotar y pueda ser anuncio también
para todo Cochabambino, toda Cochabambina, para nuestra tierra, nuestro pueblo,
nuestras familias, nuestra nación y que desde aquí se extienda también para
todo el mundo. No olvidemos por tanto, estamos en comunión con aquello que es
fundamental también en nuestra vida y en nuestra espiritualidad aquí en
Cochabamba. Hemos escuchado la primera lectura.
No habla de
otra cosa que sino de la universalidad en la que Dios quiere. Que todo el mundo
escuche esta palabra, que todo el mundo responda positivamente al amor de Dios.
Yo mismo vendré a reunir a todas las naciones y a todas las lenguas, daré una
señal y algunos de sus sobrevivientes los enviaré a las naciones extranjeras.
Todo ser humano es llamado a la salvación
Ellos
traerán a todos sus hermanos como una ofrenda al Señor hasta mi montaña santa
de Jerusalén. Es el signo extraordinario, es el signo de la presencia de Dios
en este mundo que ama profundamente a cada ser humano y a todo ser humano con
este amor le invita a seguir su camino, le invita a participar del banquete o
en este caso de esta montaña. Todo ser humano es llamado a la salvación.
Jesús si
entrega su vida y a precio de sangre nos rescata, lo hace por todos y cada uno.
Hermanos míos, esto es fundamental en la vida. De todas las generaciones, de
todos los tiempos, de todas las naciones, de todos los pueblos, no está solamente
para un pequeño grupo.
Quiere
decir que esta salvación es anunciada y es predicha de parte de Dios y de Jesús
para ti, para ti, para ti, para mí. Esa es la gran universalidad. Por eso
decíamos, o decía el mismo salmista, vayan por todo el mundo y anuncien el
Evangelio.
¿Quiénes
serán aquellos que anuncien el Evangelio? A los que se les ha convocado para
que sean discípulos, misioneros, apóstoles del Señor. Si están congregados en
esta asamblea, la Iglesia Católica es para esto, en función de los demás, en
función de anunciar esta salvación a todos, no a que sean parte de la Iglesia
Católica. Bienes, o si nosotros hemos sido llamados a esto, es para anunciar
este amor de Dios, esta salvación, esta alegría y este gozo profundo que
significa que estamos caminando hacia la gloria de Dios.
Hermanos míos, aquí no se trata de ser últimos o primeros, se trata de participar del banquete. Si participamos bien, si cumplimos bien nuestra misión, si de verdad somos aquellos que día a día se convierten y anuncian el Evangelio y viven el Evangelio en lo cotidiano, son anunciadores de aquello. Podemos vivir la gloria de Dios anticipada ya en esta tierra.
Partícipes del
reino de Dios, partícipe del banquete, partícipe de las bodas del Cordero. Que
no pase aquello, entonces, que quedemos fuera. Y cuando toquemos, que nos diga
el Señor, no te conozco.
Se trata de
vivir bien nuestro ser católico. Se trata de vivir bien aquello que el Señor
nos ha regalado. Se trata de ser luz también que anuncia esta buena noticia a
todo el mundo, a todo el género humano, sobre todo y comenzando por nuestro
entorno, que es lo más difícil, ¿no es cierto? A nuestro entorno, porque nos
conocen, porque saben quiénes somos, porque saben dónde nos aprieta el zapato.
Que
justamente, convertidos en el Señor, podamos ser anunciadores de la salvación.
Caminemos hacia la montaña. Que estas devociones nuestras, a San Joaquín, a
Santana, que nuestras devociones nuestras a la Asunta de los Cielos en la
Advocación de Urcupiña, en la Advocación de la Bella, nos conduzcan también a
esta fidelidad para pasar por esta puerta estrecha y seamos con alegría y gozo
anunciadores de la buena noticia.
Amén.
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