Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba fue el encargado de presidir la Eucaristía de calvario en el cerro de Cota de la provincia de Quillacollo: Estamos esperando, anhelamos que hayan siempre días mejores, que salgamos de estas profundas crisis, que salgamos y podamos también juntos caminar en la solidaridad. Anunciamos que desde aquí es posible también, como estamos haciendo este signo de integración, de paz, de unidad, de amor, de misericordia, de la capacidad de entre nosotros no sólo reconocer el amor de Dios presente en nuestras vidas, sino también que entre nosotros puede haber esta unidad, puede haber esta paz, puede haber esta solidaridad, la construcción de un reino de Dios en este mundo, como presagio también de lo que nos espera. Porque si estamos celebrando la festividad de la Asunta de los Cielos, es que ella ya está junto al Padre, resaltó en su homilía.
HOMILÍA DE MONS. OSCAR APARICIO
ARZOBISPO DE COCHABAMBA
MISA DE CALVARIO
Hermanos y hermanas, ya hemos recibido de parte de Monseñor Iván los saludos dirigidos a nosotros, a peregrinos, a aquellos que vienen de fuera, también del interior del país, a todos nosotros. Yo quisiera más bien resumir este saludo, el saludo nuestro a la Virgen Urcupiña. Le saludamos a ella, exaltamos su nombre porque es el motivo propiamente de nuestra esperanza y de nuestra festividad.
Venimos
cargados de experiencias y no solo de pedidos
Si la saludamos
hemos venido hasta acá justamente con este anhelo, trayendo tantas de nuestras
ilusiones, nuestras esperanzas, nuestra vida, en sus afanes, en sus quehaceres,
pero también en todos estos gozos y alegrías de una palabra de Dios que ha sido
cumplida en nuestras vidas. Venimos cargados de experiencia, no sólo de
pedidos, venimos cargados también para agradecer a Dios a través de la mamita Urcupiña,
para decirle igual que Isabel, igual que aquella niña aquí en el Cerro de Cota,
para bendecirla, alabarla y saludarla total y plenamente. Vean que Isabel
recibe el saludo de María y al tiempo le dice bendita tú entre las mujeres.
La
Virgen María entre nosotros
¿Por qué? Porque
tú has recibido la gracia de Dios, has dicho sí a aquel plan salvífico de Dios
mismo, te has puesto como instrumento para que Dios haga su obra. Es el motivo
fundamental también de María entre nosotros. Es el cumplimiento de aquello que el
Señor nos ha anunciado.
Vean que después,
que ella misma después dirá me llamarán dichosa entre todas las mujeres y
proclama todo el himno ya de la historia de salvación pasada, presente y
diríamos también futura en medio nuestro. Alaba y bendice la misericordia y la
bondad de Dios. Reconoce que si hay algo presente en este mundo es este amor
profundo de Dios.
Por eso la
saludamos. Bendita tú, porque a través tuyo nosotros también podemos reconocer
que lo que Dios hace en nuestra vida es por un amor profundo que nos tiene. Que
si nos perdona es porque Dios es amor.
Que si nos invita
a caminar y a ser este amor presente en nuestras familias, en nuestra sociedad,
es porque en realidad nos ha tocado el corazón, igual que María. Reconocemos
que nuestros sufrimientos, nuestros padeceres, todas las adversidades que podamos
tener tienen sentido profundo en un Dios que nos alienta, que nos da su gracia,
que nos anima a poder enfrentar también estas situaciones con el Espíritu de
Jesús, con el Espíritu del Resucitado, decía así también la segunda lectura. El
Señor es aquel que es proclamado por María, es anunciado por María, es el
cumplimiento de su palabra.
Por tanto, lo que
esperamos, lo que esperamos en este mundo no sólo son beneficios de la Virgen
María, no sólo son nuestras necesidades cumplidas. Si hemos venido a este cerro
de Cota, no es sólo para encontrarnos con María, sino también para, encontrando
a Dios, encontrar aquel sentido profundo hacia dónde caminamos. Ya construimos
en este mundo el reino de Dios, sobre todo para aquellos que más lo necesitan.
Anhelamos
que hayan días mejores
Estamos
esperando, anhelamos que hayan siempre días mejores, que salgamos de estas
profundas crisis, que salgamos y podamos también juntos caminar en la
solidaridad. Anunciamos que desde aquí es posible también, como estamos
haciendo este signo de integración, de paz, de unidad, de amor, de misericordia,
de la capacidad de entre nosotros no sólo reconocer el amor de Dios presente en
nuestras vidas, sino también que entre nosotros puede haber esta unidad, puede
haber esta paz, puede haber esta solidaridad, la construcción de un reino de
Dios en este mundo, como presagio también de lo que nos espera. Porque si
estamos celebrando la festividad de la Asunta de los Cielos, es que ella ya
está junto al Padre.
Esta es la imagen
de la Virgen. Por esto este cerro tiene tan, tanto significado. Por eso la
actitud de esta niña es tan importante para nosotros en este lugar.
Que el espíritu
del resucitado cambie nuestro corazón
Cuando vuelvas a casa, que el manto de la Virgen, la gracia de la Virgen, la bendición de la Virgen acompañe a toda tu familia, a toda tu sociedad. Pero sobre todo, que es el espíritu del resucitado acompañado de Isabel y de esta niña, que pueda también cambiar nuestro mundo, nuestra realidad. Que nuestra experiencia de haber peregrinado y habernos encontrado con la Virgen nos llene de gozo y nos cambie el corazón.
Y esto mismo
queremos pedir para todas nuestras autoridades. Queremos pedir para aquellos
que tienen una responsabilidad concreta, incluso aquellos que no creen, incluso
aquellos que no han podido venir o no han querido ni siquiera hacer atención a
esto que estamos celebrando. Que se escuchen, que escuchen la palabra de Dios,
que miren la imagen de la Virgen María, nuestra mamita de Urcupiña y que desde
aquí brote también esta alabanza, esta bendición y este reconocimiento que Dios
hace una obra y la hace una obra para bien.
Un gran foco
desde aquí, como una gran fogata que ilumina nuestras realidades, que ilumina
también a nuestro país. Anhelamos, esperamos la misericordia, el amor de Dios.
Anhelamos, esperamos un corazón nuevo.
Anhelamos,
esperamos un espíritu al mismo estilo de la mamita de Urcupiña. Anhelamos y
esperamos ser también testigos de esta esperanza, de este amor, de esta
misericordia en medio de nosotros. Por tanto, que la mamita de Urcupiña regrese
con ustedes a sus hogares, a sus familias, a sus casas, a sus ciudades, a su
nación y que la mamita de Urcupiña llegue también a toda casa boliviana desde
aquí, desde el Cerro de Cota, desde la mamita patrona de la integración.

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