Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba durante su homilía señaló que : El reconocer nuestros pecados siempre es bueno, pero haber pecado también nos puede llevar a caminar hacia la santidad. El equivocarnos es de humanos, así decimos, ¿no es cierto? Sin embargo, podemos siempre enmendar aquello al ser acrisolado. ¿Saben lo que es el crisol, no es cierto? El crisol es aquello que es sometido a altas temperaturas de fuego a tal punto que puede contener el oro o el metal derretido, acrisolado a ese punto, fuerte, recio, de tal manera que no hay nada que lo doblegue, señaló durante la alocución de su homilía.
El Prelado nos invitó a ver nuestra historia,
también a los catequistas, ver su historia, y ver la historia de María. Fiel
desde el nacimiento, desde el anuncio del nacimiento de Jesús hasta la muerte y
sepultura de Jesús. Fiel. ¿Cuántos sufrimientos le habrá traído el ser la madre
de Jesús? ¿Cuántos gozos le habrá traído? ¿Cuánta radicalidad en el
seguimiento? La primera discípula, la primera catequista, la primera misionera,
¿cuánto? Comparémonos con ella, exortó.
Se pasa, se pasa muchísimas veces también por la cruz.
¿Dónde se es acrisolado? En la cruz, en el fuego del Señor. Así que ánimo,
hermanos. No se acobarden cuando vienen también situaciones así de dificultad,
cuando nos aprietan, ¿no es cierto? Y a veces uno quisiera estar en esas
situaciones. Sin embargo, robustece también la fe. Que sea el Señor, por tanto,
que siempre nos ayude, finalizó Mons.
Aparicio.
HOMILÍA DE MONS.
OSCAR APARICIO
ARZOBISPO DE
COCHABAMBA
DOMINGO 17 DE
AGOSTO
Feliz Día
nacional del Catequista
Pueden tomar asiento hermanos y hermanas.
Quisiera volver a reiterar aquello que ya hemos sido testigos al inicio en este
Día Nacional del Catequista. Que desde aquí les saludamos, les agradecemos por
todo su trabajo.
Ciertamente en este día no hemos podido estar
toda la comunidad presente aquí en esta Eucaristía. Sin embargo, a través de
los medios hacemos llegar también no sólo esta nuestra celebración a nuestra
comunidad, sino también a los catequistas de manera muy particular. Vean que el
lema es muy sugerente.
Catequista, peregrino de esperanza. Está enlazado
en justamente aquello que estamos celebrando este año 2025. El jubileo, que ya
lo hemos iniciado también, de peregrinos de esperanza. Esto nos pone mucho
gozo, nos anima a caminar juntos. Seguimos siendo una iglesia sinodal que
camina juntos, junto a Dios, junto a María, junto a también todo lo que puede
ser nuestra comunidad, nuestros sacerdotes, nuestros laicos, nuestros
animadores, nuestros ministros de todo tipo. En realidad también con los catequistas.
Pero también se enlaza en esta festividad que
hemos estado haciendo o celebrando estos días de manera anticipada en Quillacollo,
la Virgencita de Urcupiña, que coincide muy bien. No es por moda ni por
costumbre el poner que el catequista sea peregrino de esperanza, ni que la
Virgen de Urcupiña sea peregrina de esperanza. Responde justamente a esta
espiritualidad que estamos viviendo.
Responde al jubileo que estamos celebrando.
Tantos peregrinos, tantos, tantísimos, que hemos podido acudir también a la
Virgen de la Integración venidos del interior y del exterior, justamente para
manifestar esto. Peregrinamos en este mundo junto a la Virgen Asunta a los
Cielos, nuestra mamita de Urcupiña.
Y por tanto, también nuestros catequistas están
en la misma sintonía. Hoy se celebra este gran jubileo de aquellos. Y qué bella
sintonía también con lo que hoy estamos o hemos escuchado de la Palabra de
Dios.
La verdad no
gusta a todos
La primera lectura habla del profeta Jeremías.
Las adversidades al profeta, los sufrimientos que le acarrean el ser profeta,
aquel que habla en nombre de Dios, aquel que anuncia a Dios mismo lo que trae
Dios y a veces inclusive situaciones que no quiere escuchar el pueblo o no
quieren escuchar aquellos que han sido convocados justamente por Dios mismo y el
profeta por tanto sufre estas adversidades. No siempre, no siempre la Palabra
de Dios y el ser profeta, el ser ministro, el ser sacerdote, el ser obispo, el
ser agente de pastoral, el ser catequista trae siempre buenos resultados,
siempre éxito.
Más bien, muchas veces puede traer la
contrariedad. Cuando se anuncia la verdad no siempre gusta absolutamente a
todos. Por tanto, es la ratificación total y plena que el profeta necesita no
sólo hablar en nombre de Dios, sino apoyarse en Dios mismo y anunciar su palabra
y su verdad.
Vean que el profeta espera en Dios, espera su
auxilio. Ven Señor, ven pronto a socorrerme. No sea que yo claudique, no sea
que yo me desanime, no sea que frente a la adversidad yo entre en ambigüedad,
que diga una cosa a mis labios y otra a mi corazón.
Ven Señor en ayuda mía, ven pronto, socórreme.
Que tu palabra, tu auxilio, tu presencia sea prácticamente la fuente en la cual
me apoyo para seguir llevando adelante esta, esta mi misión, a lo que tú me has
convocado. Vean por tanto que un profeta, un catequista, un animador de la
comunidad, un miembro de la comunidad, un testigo de Jesús resucitado, un
discípulo del Señor, necesita constantemente renovar esta confianza en Dios,
sobre todo en los momentos de mayor dificultad.
Es lo que ratifica propiamente también el
profeta, o digo el apóstol Pablo. Frente a estas adversidades o al ser llamado
como testigo, invita a despojarse de todo lo que nos estorba. El seguimiento
por tanto al Señor debe ser total y pleno.
El seguimiento al
Señor debe ser total y pleno
Es lo que llaman hoy los estudiosos la
radicalidad del discípulo de seguir a su maestro y Señor. Radicalmente, otra
vez, sin ambigüedades, sin desánimos, sin a lo mejor mentiras o deseos ocultos,
medias verdades. Se trata justamente de este seguimiento total y radical, que
supone, supone un total y pleno, no sólo coincidencia entre lo que se dice y lo
que se hace, lo que llevamos en el corazón, sino también en este saber que
somos discípulos suyos, portadores de su palabra, portadores, anunciadores de
la salvación que nos viene, portadores de aquella buena noticia, portadores o
caminantes o peregrinos de lo que de verdad esperamos.
¿Qué esperamos en este mundo? No sólo los
catequistas, no sólo la Virgen. ¿Qué estamos esperando nosotros? ¿Qué esperamos
de parte de Dios? En realidad está cumplida ya en Jesús, pero en sus corazones,
en nuestra sociedad, en nuestra vida. ¿Qué es lo que tú esperas? ¿Por qué eres
peregrino? ¿Y por qué con el rótulo de peregrino de esperanza? ¿Por qué? ¿Qué
es lo que estamos anunciando? Vean que esto necesita, por tanto, una
radicalidad total y plena, sin estas ambigüedades o falsas posturas o
situaciones que nos hagan más bien acobardar.
Por eso el Evangelio ratifica todo esto. No he
venido a traer fuego sobre la tierra y como desearía que ya estuviera ardiendo.
Increíble, ¿no? Habla Jesús de una manera muy dura.
Si el seguimiento a su persona, si el seguimiento
a Él como Maestro y Señor, significa también una total y plena entrega,
significa que definitivamente también hemos sido acrisolados. ¿Cuál es el fuego
que trae Jesús? ¿Es un fuego que destruye todo? ¿Es un fuego que más bien este
soplo del Espíritu, que acrisola, que en las adversidades también pone a
prueba, que en las adversidades te hace madurar y crecer? Hermanos míos, la
crisis, por ejemplo, no siempre es mala. No siempre es mala.
Reconocer
nuestros pecados siempre es bueno
El reconocer nuestros pecados siempre es bueno,
pero haber pecado también nos puede llevar a caminar hacia la santidad. El
equivocarnos es de humanos, así decimos, ¿no es cierto? Sin embargo, podemos
siempre enmendar aquello al ser acrisolado. ¿Saben lo que es el crisol, no es
cierto? El crisol es aquello que es sometido a altas temperaturas de fuego a
tal punto que puede contener el oro o el metal derretido, acrisolado a ese
punto, fuerte, recio, de tal manera que no hay nada que lo doblegue.
No hay nada que lo doblegue. El seguimiento del
Señor debe ser, o hacia el Señor, debe ser también esto. Les invito entonces a
también ver su historia, también a los catequistas, ver su historia, y ver la
historia de María.
Fiel desde el nacimiento, desde el anuncio del
nacimiento de Jesús hasta la muerte y sepultura de Jesús. Fiel. ¿Cuántos
sufrimientos le habrá traído el ser la madre de Jesús? ¿Cuántos gozos le habrá
traído? ¿Cuánta radicalidad en el seguimiento? La primera discípula, la primera
catequista, la primera misionera, ¿cuánto? Comparémonos con ella.
Se pasa, se pasa muchísimas veces también por la cruz.
¿Dónde se es acrisolado? En la cruz, en el fuego del Señor. Así que ánimo,
hermanos. No se acobarden cuando vienen también situaciones así de dificultad,
cuando nos aprietan, ¿no es cierto? Y a veces uno quisiera estar en esas
situaciones. Sin embargo, robustece también la fe. Que sea el Señor, por tanto,
que siempre nos ayude.
Y se habla Jesús de una división, ¿no? A veces
uno dice, la hija contra la madre, la madre contra la hija, el padre contra el
hijo, el hijo contra el padre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la
suegra, ¿no? Cuando se mencionan todas estas cuestiones, estas divisiones, en
realidad se trata de la experiencia que uno puede tener en el seguimiento y la
radicalidad del Señor. Si uno de verdad entra en el conocimiento al Señor, peregrino
de esperanza, catequista, consagrado, anunciador y testigo de la palabra de
Dios, entrará también en este seguimiento al Señor y se convierte en una luz
que camina para los demás, que anuncia a los demás. Y esto puede traer,
evidentemente, de aquellos que la refutan, de aquellos que no quieren escuchar.
Lo vemos a diario en nuestra sociedad. A diario,
a diario, constantemente. Que el Señor portando a ustedes, agentes de pastoral,
catequistas, ministros, sacerdotes religiosos, religiosas, obispos, a nosotros
nos conceda, nos conceda este seguimiento radical al Señor, porque Él es el
camino, la verdad y la vida.
Amén.
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