Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba exhorto al pueblo de Dios a atesorar tesoros en el cielo Que nuestros esfuerzos, nuestra conversión, nuestras actitudes, nuestros quehaceres continuos vayan justamente en este sentido. Atesoren tesoros en el cielo. ¿Dónde está puesto tu corazón? Está tu tesoro, señaló durante la alocución de su homilía en la misa dominical celebrada en la Catedral San Sebastián el día de ayer.
Que nuestro
tesoro sea justamente al estilo de Dios, tener la herencia de Dios mismo, del
amor de los hermanos, de la vida en nuestros corazones. Es lo que estamos
celebrando, que estamos celebrando en la Asunción de María, la Asunta a los
Cielos, nuestra mamita de Quillacollo. Lo estamos haciendo en este sentido
profundo, más allá de todo lo que puede significar estos devotos y ser la
mamita o la madre de la integración, más allá de todo aquello de los peregrinos
que van y vienen, más allá del arte, más allá de todo lo que puede ser nuestra
cultura expresada, más allá de nuestro cariño a la Virgen María, dijo.
HOMILÍA DE MONS. OSCAR APARICIO
ARZOBISPO DE COCHABAMBA
DOMINGO 10 DE AGOSTO
Muy amados
hermanos y hermanas, la Antífona del Salmo ha sido para nosotros, creo, la base
justamente para agradecer a Dios en este domingo. Feliz el pueblo que el Señor
se eligió como herencia. Es sorprendente la actitud, como la misma expresión.
Lo normal, lo
normal, nosotros estamos acostumbrados es que bendigamos a Dios. Le pedimos que
Él nos bendiga. Muchas veces nosotros decimos, Señor sé nuestra herencia,
nuestra protección, nuestro escudo.
Yo confío mi vida
en tus manos. Es lo normal el dirigirse a Él … Él es nuestra heredad. Él ha
conquistado para nosotros justamente el vivir en nuestros corazones.
Pero es extraño,
extraño y además ilógico lo que justamente el Salmo está diciendo. Es el Señor,
es Dios mismo, es Jesús que ha elegido a un ser humano como herencia o a un
pueblo, a una nación. Vean que la primera lectura está clarísima en lo que está
hablando.
Es la historia de
salvación de este pobre pueblo que ni siquiera era constituido pueblo ya al
inicio. Unos pobres esclavos, trabajadores de los egipcios esclavizados por
ellos, pero que Dios se mete en la vida de ellos. Los libera, los salva y les
promete aquello que ya había prometido a sus padres.
Somos amados y
perdonados por la gracia de Dios
Vean que hermanos
míos esto aplicado a nosotros es increíble, increíble. ¿Quién eres tú? ¿Quién
soy yo? ¿Cuán débiles y cuán frágiles somos? Si algo tenemos en común es
justamente el ser pecadores. De una u otra manera, de una u otra manera somos
frágiles.
¿Quién eres tú?
¿Quién soy yo? Sinceramente somos aquellos por la gracia de Dios, amados,
perdonados por él, constituidos como hijos suyos. Eso es lo increíble, eso es
lo grandioso. Que confíe Dios en ti, en un pecador, que confíe en mí que soy un
pecador, que me perdone a mí, que te perdone a ti, que considere que tú eres lo
más grande que puede tener él, la niña de sus ojos.
Dios te ha tocado el corazón, Dios te ha mirado a los ojos y te ha amado profundamente. Te constituyes ser humano y a nosotros nos constituye como un pueblo. Yo espero, hermanos, que esto de verdad nos haga sentir y nos haga experimentar el profundo amor y la profunda erección que Dios ha querido con nosotros, contigo, conmigo, con el pueblo llamado hoy iglesia.
¿Qué es la iglesia? ¿Qué es este pueblo de creyentes? ¿Acaso no es pecadora? Ciertamente, pero es un pueblo también amado, perdonado y acompañado en su peregrinar por Dios. Camino de la santidad. ¿Hacia dónde caminamos? Es lo que dice Pablo también repasando de alguna manera la historia de la salvación.
Hacia dónde
caminamos
Estos días, hermanos, a mí me ha impresionado
la partida de un misionero a la casa del Padre.
Ha partido a la
casa del Padre, gozando de buena salud, estando bien, animoso siempre en su
misión y en cambio parte a la casa del Padre, peregrino de esperanza. ¿Hacia
dónde caminamos? ¿Por qué necesitamos vigilar? ¿Por qué estar atentos? ¿Por qué
responder bien al amor de Dios y al de los hermanos? ¿Por qué constituir una
patria celestial en este mundo? ¿Por qué los esfuerzos que el reino de Dios
esté presente aquí? Queridos hermanos y hermanas, que esta palabra, que este
amor de Dios, que este peregrinar de Dios a todos nos entusiasme aquí en este
mundo. De verdad, ya empecemos a vivir esta gloria de Dios.
Atesoren tesoros
en el cielo
Que nuestros
esfuerzos, nuestra conversión, nuestras actitudes, nuestros quehaceres
continuos vayan justamente en este sentido. Atesoren tesoros en el cielo.
¿Dónde está puesto tu corazón? Está tu tesoro.
Que nuestro
tesoro sea justamente al estilo de Dios, tener la herencia de Dios mismo, del
amor de los hermanos, de la vida en nuestros corazones. Es lo que estamos
celebrando, que estamos celebrando en la Asunción de María, la Asunta a los
Cielos, nuestra mamita de Quillacollo. Lo estamos haciendo en este sentido
profundo, más allá de todo lo que puede significar estos devotos y ser la
mamita o la madre de la integración, más allá de todo aquello de los peregrinos
que van y vienen, más allá del arte, más allá de todo lo que puede ser nuestra
cultura expresada, más allá de nuestro cariño a la Virgen María.
La Virgen María
nos está anunciando hacia dónde vamos
Definitivamente,
lo que se está anunciando es que nosotros también podremos ser asuntos. Vean
que hay en este mundo sólo dos tumbas vacías que no tienen el cuerpo. La de
Jesús, porque ha resucitado, y la de María, porque ha sido Asunta elevada a los
cielos.
Pero vean que
este es nuestro camino. Hacia esto estamos yendo. La Virgen María nos está
anunciando hacia dónde caminamos, por el amor, la misericordia y la gratuidad
de Dios.
Yo espero,
hermanos, que entremos otra vez siempre en esta actitud. A nosotros no se nos
debe nada. Nosotros no es que a puño limpio hemos conquistado el cielo. Nosotros
no es que a puño limpio hemos conquistado nuestras guerras y nuestro poder,
nuestra fama. Eso dura poco. Es por la gratuidad, la gracia de Dios, que
podemos ser herencia suya y podemos caminar hacia la paz del Celestial.
Que el Señor nos
bendiga y la mamita de Urcupiña, San Lorenzo, nos siga acompañando y este
misionero Alejandro Fiorina también desde el cielo ruegue por nosotros. Amén.
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