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LLAMADOS A SER SIGNOS DE COMUNIÓN Y DE AMOR

 


Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba durante la homilía de la Eucaristía celebrada en la Catedral San Sebastián resaltó{o que el Evangelio de hoy es un llamado para nosotros; para ser nosotros aquí en Cochabamba, en este lugar, signos de la comunión, del amor, que se aman los unos a los otros. No sólo se aceptan, no sólo se soportan, se aman unos a otros. Si la iglesia es creíble en esta sociedad cochabambina, es porque los discípulos se aman, los seguidores del Señor se aman, se ayudan mutuamente, dijo.

 HOMILÍA DE MONS. OSCAR APARICIO

DOMINGO 18 DE MAYO

 Estamos celebrando el quinto domingo de la Pascua, sabemos que la Pascua se extiende por prácticamente 50 días, es la fiesta de las fiestas, el acontecimiento central de la revelación de Dios que se nos ha regalado también a nosotros. Les he dicho muchas veces que ciertamente tiene un simbolismo enorme, el 7 por 7, el número 7 en la Biblia es considerado como el número perfecto, multiplicado por el mismo número 7 por 7, 49 más 1 que significa Dios, en realidad engloba entonces el gran acontecimiento de estos 50 días también de la Pascua. Tiene un significado, repito, profundo hasta celebrar Pentecostés, Pentecostés que significa 50 justamente.

 Vean cómo está bonito, muy bello este trasfondo y este significativo también interesante. Estamos en la quinta semana, iniciando la quinta semana, en la cual ya se nos ha introducido que podamos rezar también por la iglesia en China, pero también se nos ha invitado ya a celebrar el acontecimiento de la familia, la familia doméstica, que hemos estado toda esta semana también en esta semana de la familia, que es prácticamente el núcleo central, no sólo de la sociedad, sino que ahí es que se vive también esta iglesia concreta doméstica.

 Iniciamos la semana Laudato Sí

 Y además iniciamos la semana de Laudato si, Laudato si es este documento hermoso que el Papa Francisco nos ha regalado, donde se menciona grande y profundamente el tema del cuidado de la casa común.

Qué bien nos coincide también en este sentido que estamos celebrando hoy, este día del peatón, justamente en este espíritu, no sólo para encontrarnos como familia, no sólo que pueda ser también un día de recreación, de deporte, creo que uno de los objetivos está justamente este hecho de cuidar esta casa común. Que el mundo respire, que nuestras familias en esta ciudad que respiremos. Sabemos que uno de los mayores problemas también de nuestra, de nuestro tiempo y de nuestra ciudad, es justamente toda esta situación de inclinación de todo este tema, de lo que puede ser esta contaminación a todo nivel y en todo sentido.

Por tanto creo que coincide en la práctica y en concreto también este momento y este día dedicado entonces también a este cuidado de la casa común. Decía todo esto porque, bueno, es interesante que sabemos que estamos en esta sociedad y lo que celebramos no debería ser solamente una celebración de palabra, sino también en la vida cotidiana que se haga realidad y se haga presente. Y al Señor nos decía que sus obras concuerden con sus palabras.

 La esperanza de la resurrección

Qué importante entonces, no sólo el testimonio, sino esta coherencia que Dios nos invita a estar. Referido a esta palabra de Dios, al inicio hemos escuchado, nos reunimos para celebrar la esperanza de la resurrección. Vean que la resurrección se va expresando de muchas formas, aunque encontramos aquí en el evangelio de Juan todavía a Jesús en la última cena.

 La mención constante del evangelista Juan es este durante la última cena, es decir, que él ya también estando con sus discípulos, no sólo los constituye como el nuevo pueblo de Dios, no sólo los restaura, no sólo anuncia su resurrección, sino también los dones de la resurrección. Uno de los grandes dones justamente de la resurrección ya presente en la predicación de Jesús es su presencia real y verdadera a través del Espíritu. Ya no estaré mucho con ustedes, pero enviaré el Espíritu, este Espíritu paráclito.

 Paráclito significa defensor. Este Espíritu que es mi presencia en medio de ustedes. Este Dios que camina con ustedes. Este Dios que se interesa con ustedes. Este Dios que les ama profundamente y dice en concreto, así como yo les he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. Aquí viene la gran fuerza y aquí viene el gran anuncio.

Lo que Dios ha regalado en Espíritu, lo que Dios nos ha regalado la experiencia de la resurrección, su presencia real y verdadera debe expresarse también, no sólo en nuestros corazones, en nuestra familia, en nuestra sociedad, en este nuevo pueblo de Dios, sino como un signo claro, real y verdadero de amarse los unos a los otros. Lo hace como un imperativo, un mandato. Si ustedes son mis discípulos, deben vivir este Espíritu del resucitado.

Donde se expresa el mayor amor de Dios es en que Jesús ha dado la vida por sus amigos, hasta la última gota de sangre. La muerte de Jesús es por amor. La misión de Jesús es por amor.

 Ámense los unos a los otros

 La constitución del nuevo pueblo de Dios es por amor. El testimonio de sus discípulos que hace posible también que experimenten estas resurrecciones por amor, definitivamente. Por tanto, así como yo amo al Padre o el Padre me ama a mí y así como yo les he amado a ustedes, ámense los unos a los otros.

¿Qué será lo más creíble en este mundo del nuevo pueblo de Dios? El que se aman unos a otros. No está diciendo que sean igualitos, que piensen igualito. No está diciendo aquello. No está diciendo que se vistan igualito. No está diciendo que todos sean de tal o cual color. No está diciendo que sean del mismo, de la misma elección de lo que puede ser también en la sociedad.

 No está diciendo que ustedes que son de carne y hueso, que tienen una personalidad. Ustedes siendo únicos pero también que están llamados a vivir en la sociedad. Que ustedes que han experimentado al resucitado y se consideran discípulos, seguidores del Señor.

Que sean capaces con este espíritu amar al otro, al hermano y sobre todo aquellos que son también llamados en este pueblo de Dios. Lo más creíble de la iglesia, queridos hermanos, en este mundo no sea porque habla bonito, no sea porque puede celebrar la Eucaristía, no solamente sea porque son testigos de la resurrección, sino que real y verdaderamente más allá de su multiplicidad, son capaces de amarse los unos a los otros. Y en concreto, en concreto, estamos rezando

Pero esto significa también entonces un llamado a nosotros para ser nosotros aquí en Cochabamba, en este lugar, signos de la comunión, del amor, que se aman los unos a los otros. No sólo se aceptan, no sólo se soportan, se aman unos a otros. Si la iglesia es creíble en esta sociedad cochabambina, es porque los discípulos se aman, los seguidores del Señor se aman, se ayudan mutuamente.

Por eso es bello ahí lo que dice también en el Apocalipsis. Es la renovación total de la Nueva Jerusalén, del nuevo pueblo de Dios nos restaura, que es lo que nos constituye por tanto como pueblo de Dios. Como hermanos y hermanas, es este amor caracterizado en el Espíritu del Señor.

Pidamos entonces el don del Espíritu, que el Señor nos conceda caminar en este sentido, que el Señor nos ayude para luego ser luz a los demás y decir prácticamente, así como también nos ama Jesucristo y nos amamos entre nosotros, debe ser el anuncio para la sociedad y las familias. Porque el mismo, la primera lectura lo dice, no todos creen en Jesús, muchos han rechazado, se ha abierto las puertas, lo dice Pablo claramente, se han abierto las puertas a los gentiles. Este anuncio no sólo llega a unos cuantos, el anuncio llega a todos, pero fundamental es que creamos y aquellos discípulos creyentes que vivan real y verdaderamente su misión, amándose los unos a los otros, renovados en el Señor, renovados en el Espíritu.

Les animo entonces hermanos pues a que viviendo aquella esperanza de la resurrección que nosotros hemos vivido, hemos recibido, seamos capaces también de transmitir a los demás y que ya vivamos en este mundo la gloria de Dios, que ya vivamos en este mundo, en Cochabamba, entre nosotros, que vivamos este signo de la resurrección, hacia donde caminamos, hacia la gloria de Dios. Porque hermanos míos, como muchas veces les he dicho, nuestro destino final, nuestro camino final, nuestra llegada final, no es una tumba, es la resurrección y la participación en la gloria de Dios, que esto podemos vivirlo ya y ser anuncio para los demás. Quien entre en la mentira, en el odio, en la venganza, en la separación, en el desamor, en la muerte o dando muerte definitivamente está dando la espalda a Dios. Si nosotros somos discípulos, que no sea así más bien, amémonos los unos a los otros y seamos anuncio para aquellos que no creen. Amén.

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