Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba durante la homilía de la Eucaristía celebrada en la Catedral San Sebastián resaltó{o que el Evangelio de hoy es un llamado para nosotros; para ser nosotros aquí en Cochabamba, en este lugar, signos de la comunión, del amor, que se aman los unos a los otros. No sólo se aceptan, no sólo se soportan, se aman unos a otros. Si la iglesia es creíble en esta sociedad cochabambina, es porque los discípulos se aman, los seguidores del Señor se aman, se ayudan mutuamente, dijo.
DOMINGO 18 DE MAYO
Qué bien nos coincide también en este sentido que estamos celebrando hoy, este día del peatón, justamente en este espíritu, no sólo para encontrarnos como familia, no sólo que pueda ser también un día de recreación, de deporte, creo que uno de los objetivos está justamente este hecho de cuidar esta casa común. Que el mundo respire, que nuestras familias en esta ciudad que respiremos. Sabemos que uno de los mayores problemas también de nuestra, de nuestro tiempo y de nuestra ciudad, es justamente toda esta situación de inclinación de todo este tema, de lo que puede ser esta contaminación a todo nivel y en todo sentido.
Por tanto creo que coincide en la práctica y en concreto también este momento y este día dedicado entonces también a este cuidado de la casa común. Decía todo esto porque, bueno, es interesante que sabemos que estamos en esta sociedad y lo que celebramos no debería ser solamente una celebración de palabra, sino también en la vida cotidiana que se haga realidad y se haga presente. Y al Señor nos decía que sus obras concuerden con sus palabras.
La esperanza de la resurrección
Qué importante entonces, no sólo el testimonio, sino esta coherencia que Dios nos invita a estar. Referido a esta palabra de Dios, al inicio hemos escuchado, nos reunimos para celebrar la esperanza de la resurrección. Vean que la resurrección se va expresando de muchas formas, aunque encontramos aquí en el evangelio de Juan todavía a Jesús en la última cena.
Lo que Dios ha regalado en Espíritu, lo que Dios nos ha regalado la experiencia de la resurrección, su presencia real y verdadera debe expresarse también, no sólo en nuestros corazones, en nuestra familia, en nuestra sociedad, en este nuevo pueblo de Dios, sino como un signo claro, real y verdadero de amarse los unos a los otros. Lo hace como un imperativo, un mandato. Si ustedes son mis discípulos, deben vivir este Espíritu del resucitado.
Donde se expresa el mayor amor de Dios es en que Jesús ha dado la vida por sus amigos, hasta la última gota de sangre. La muerte de Jesús es por amor. La misión de Jesús es por amor.
¿Qué será lo más creíble en este mundo del nuevo pueblo de Dios? El que se aman unos a otros. No está diciendo que sean igualitos, que piensen igualito. No está diciendo aquello. No está diciendo que se vistan igualito. No está diciendo que todos sean de tal o cual color. No está diciendo que sean del mismo, de la misma elección de lo que puede ser también en la sociedad.
Que sean capaces con este espíritu amar al otro, al hermano y sobre todo aquellos que son también llamados en este pueblo de Dios. Lo más creíble de la iglesia, queridos hermanos, en este mundo no sea porque habla bonito, no sea porque puede celebrar la Eucaristía, no solamente sea porque son testigos de la resurrección, sino que real y verdaderamente más allá de su multiplicidad, son capaces de amarse los unos a los otros. Y en concreto, en concreto, estamos rezando
Pero esto
significa también entonces un llamado a nosotros para ser nosotros aquí en
Cochabamba, en este lugar, signos de la comunión, del amor, que se aman los
unos a los otros. No sólo se aceptan, no sólo se soportan, se aman unos a
otros. Si la iglesia es creíble en esta sociedad cochabambina, es porque los
discípulos se aman, los seguidores del Señor se aman, se ayudan mutuamente.
Por eso es bello ahí lo que dice también en el Apocalipsis. Es la renovación total de la Nueva Jerusalén, del nuevo pueblo de Dios nos restaura, que es lo que nos constituye por tanto como pueblo de Dios. Como hermanos y hermanas, es este amor caracterizado en el Espíritu del Señor.
Pidamos entonces el don del Espíritu, que el Señor nos conceda caminar en este sentido, que el Señor nos ayude para luego ser luz a los demás y decir prácticamente, así como también nos ama Jesucristo y nos amamos entre nosotros, debe ser el anuncio para la sociedad y las familias. Porque el mismo, la primera lectura lo dice, no todos creen en Jesús, muchos han rechazado, se ha abierto las puertas, lo dice Pablo claramente, se han abierto las puertas a los gentiles. Este anuncio no sólo llega a unos cuantos, el anuncio llega a todos, pero fundamental es que creamos y aquellos discípulos creyentes que vivan real y verdaderamente su misión, amándose los unos a los otros, renovados en el Señor, renovados en el Espíritu.
Les animo entonces hermanos pues a que viviendo aquella esperanza de la resurrección que nosotros hemos vivido, hemos recibido, seamos capaces también de transmitir a los demás y que ya vivamos en este mundo la gloria de Dios, que ya vivamos en este mundo, en Cochabamba, entre nosotros, que vivamos este signo de la resurrección, hacia donde caminamos, hacia la gloria de Dios. Porque hermanos míos, como muchas veces les he dicho, nuestro destino final, nuestro camino final, nuestra llegada final, no es una tumba, es la resurrección y la participación en la gloria de Dios, que esto podemos vivirlo ya y ser anuncio para los demás. Quien entre en la mentira, en el odio, en la venganza, en la separación, en el desamor, en la muerte o dando muerte definitivamente está dando la espalda a Dios. Si nosotros somos discípulos, que no sea así más bien, amémonos los unos a los otros y seamos anuncio para aquellos que no creen. Amén.
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