Mons. Óscar Aparicio: “Mamita de Urcupiña, acompáñame; sé mi consuelo”


Desde el Santuario de Urcupiña, el Arzobispo de Cochabamba encomendó a la Virgen a todos los peregrinos y devotos, especialmente a quienes este año no podrán llegar físicamente hasta el Santuario.

 Con una invitación a reconocer la presencia amorosa de Dios en medio de las dificultades de la vida, Mons. Óscar Aparicio Céspedes, arzobispo de Cochabamba, presidió la celebración eucarística en la parroquia San Ildefonso y Santuario de Nuestra Señora de Urcupiña, elevando una oración especial por todos los peregrinos y devotos que, por diferentes circunstancias, no podrán llegar este año hasta los pies de la Mamita de Urcupiña.

La celebración, transmitida a nivel nacional a través de los medios de comunicación de la Iglesia, reunió espiritualmente a los devotos de María desde diferentes lugares, haciendo del Santuario de Urcupiña un verdadero espacio de comunión y encuentro.

Al iniciar su homilía, Mons. Aparicio saludó a todos los devotos de la Virgen y destacó el lema que acompaña este año la celebración: “Con María de Urcupiña anunciamos la gloria de Dios”.

El Arzobispo explicó que este lema invita no solamente a ser testigos de lo que Dios realiza en la vida de las personas, las familias y la sociedad, sino también a convertirse en anunciadores de esas “glorias de Dios”.

“Con ella, con la Virgen María, con nuestra Mamita, queremos no sólo ser testigos de la presencia de Dios, de las glorias de Dios, sino también anunciarla”.

Desde esta perspectiva, Mons. Aparicio presentó al Santuario de Urcupiña como un lugar desde donde la fe se proyecta más allá de sus propios límites. La peregrinación que llega hasta Quillacollo se transforma también en una misión que lleva el anuncio del Evangelio a los hogares, las familias y las comunidades.

Dios se manifiesta también en la sencillez

Reflexionando sobre las lecturas bíblicas, el Arzobispo recordó que Dios se manifiesta como un Padre providente que conoce y atiende las necesidades de sus hijos. Sin embargo, señaló que la presencia de Dios no siempre aparece en acontecimientos extraordinarios.

Al recordar el relato del profeta Elías, quien descubre a Dios no en el viento fuerte, ni en el fuego, sino en una suave y pequeña brisa, Mons. Aparicio invitó a descubrir al Señor también en el silencio, la ternura y las circunstancias cotidianas.

Y en esa manifestación delicada de Dios, señaló, aparece de manera especial la Virgen María.

“Parece que estamos hablando de la Virgen María. Una de las glorias de Dios que se manifiesta en este mundo y en este santuario, ciertamente es a través de la brisa, pero es a través de la Virgen María, en toda su ternura, en su maternidad, en su suavidad, en su amor profundo”.

Por ello, explicó, los fieles acuden al Santuario: para encontrarse con María y, a través de ella, descubrir nuevamente la presencia amorosa de Dios.

Una palabra para quienes atraviesan dificultades

Uno de los momentos centrales de la homilía estuvo marcado por una invitación a reconocer a Dios en medio de las “tormentas” de la vida.

A partir del Evangelio de Jesús caminando sobre las aguas, Mons. Aparicio comparó la tormenta que viven los discípulos con las situaciones de adversidad que experimentan actualmente muchas personas y familias.

Habló de las crisis económicas y de valores, la violencia, el narcotráfico, la corrupción, las divisiones sociales y las dificultades para construir una sociedad basada en el bien común. También recordó las enfermedades, la soledad, la vejez, las limitaciones personales y las situaciones dolorosas que afectan a las familias.

Mencionó incluso aquellas heridas que pueden surgir dentro del propio hogar: parejas que pasan del amor a la separación, familias divididas por problemas de herencia y hermanos que terminan alejándose y enfrentándose entre sí.

Frente a todas estas situaciones, el mensaje de Mons. Aparicio fue claro: Dios no abandona a sus hijos en medio de la tormenta.

Las dificultades pueden hacer que la persona pierda el rumbo e incluso llegue a pensar que Dios no la ama o no escucha sus necesidades. Sin embargo, el Evangelio muestra que Cristo se acerca precisamente en medio de las aguas agitadas.


“Señor, si eres tú, que vaya a tu encuentro”

En este contexto, el Arzobispo destacó la actitud de Pedro, quien, al reconocer a Jesús en medio de la tormenta, le pide poder ir a su encuentro.

Para Mons. Aparicio, esta actitud expresa también el camino del creyente: salir al encuentro del Señor incluso en medio de las dificultades, confiando en que Él puede sostener nuestros pasos.

Y presentó a María como modelo de ese encuentro.

Así como María salió al encuentro de su prima Isabel, así como acompaña a sus hijos y se acerca a cada uno de ellos, también el creyente está llamado a caminar hacia Jesús.

“Señor, si eres tú, que vaya a tu encuentro. Señor, habita en mi corazón. Señor, dame luz. Señor, dame la fuerza”.

La invitación, entonces, es a no permitir que las dificultades apaguen la fe. Por el contrario, son precisamente esos momentos los que pueden convertirse en una oportunidad para fortalecer la confianza en Dios.

Una oración por los peregrinos que no pueden llegar

En este mensaje adquiere un significado especial la oración por todos los devotos que este año no podrán peregrinar físicamente hasta el Santuario de Urcupiña.

Desde la celebración eucarística, Mons. Aparicio recordó que la fe y la comunión con María no dependen únicamente de la presencia física en Quillacollo. Cada persona puede vivir su propia peregrinación desde su hogar, desde su comunidad y desde las circunstancias concretas de su vida.

Los enfermos, los adultos mayores, las familias que atraviesan dificultades, quienes se encuentran lejos y todos aquellos que por diferentes motivos no podrán llegar al Santuario están igualmente presentes en la oración de la Iglesia.

Sus intenciones, sus agradecimientos, sus preocupaciones y sus esperanzas pueden ser colocados ante Dios por intercesión de la Virgen de Urcupiña.

“Mamita de Urcupiña, sé mi consuelo”

Al acercarse al final de su homilía, Mons. Óscar Aparicio invitó a los fieles a renovar su confianza en Dios y su devoción a la Virgen María.

La oración se convirtió en una súplica sencilla y profunda: “Señor, ayúdame. Señor, sálvame. Mamita de Urcupiña, acompáñame. Mamita de Urcupiña, sé mi consuelo”.

Y añadió una petición que resume el sentido de toda la celebración: “Mamita de Urcupiña, hazme encontrar a tu Hijo Jesús”.

De este modo, el Arzobispo recordó que la verdadera devoción mariana conduce siempre a Cristo. María acompaña, consuela, fortalece y ayuda a sus hijos a mantener la mirada puesta en Jesús, especialmente cuando las aguas de la vida parecen hacer tambalear la fe.

La celebración concluyó con una invitación a fortalecer la fe y a vivir una devoción a la Virgen de Urcupiña “de manera confiada, total y plenamente”, poniendo en las manos de Dios las preocupaciones y esperanzas de cada peregrino.

Desde el Santuario de la integración, la Iglesia de Cochabamba eleva así una oración por todos los devotos: por quienes podrán llegar hasta Urcupiña y por quienes, aunque estén lejos, peregrinan con el corazón.


Porque, como recordó Mons. Óscar Aparicio, aun en medio de las tormentas, Dios continúa acercándose con ternura. Y junto a María, la Mamita de Urcupiña, cada creyente puede volver a decir con confianza:


“Señor, sálvame”.


Y María, como madre y consuelo, continúa señalando el camino hacia su Hijo. 

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