Nuestra Señora del Carmen, patrona de Bolivia, nos conduce a Cristo y nos recuerda que somos hijos de Dios



 En la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, patrona de Bolivia, Mons. Oscar Aparicio Céspedes, arzobispo de Cochabamba, presidió la Eucaristía en la capilla del Convento Santa Teresa, donde invitó a los fieles a contemplar la presencia de Dios en la historia del pueblo boliviano y a renovar su confianza en la protección maternal de la Virgen María.

Al iniciar la celebración, el Arzobispo destacó el profundo significado de esta festividad para la Iglesia y para el país, recordando que la advocación de Nuestra Señora del Carmen es la patrona de Bolivia. Asimismo, expresó su gratitud a la comunidad carmelita y a quienes custodian con dedicación esta histórica imagen mariana, haciendo posible que la devoción permanezca viva entre los fieles.

Durante la homilía, Mons. Aparicio reflexionó sobre la primera lectura, señalando que Dios no permanece distante de la humanidad, sino que actúa constantemente en la historia y acompaña la vida de sus hijos. "Dios es el Dios de la vida y de la historia; se hace presente en medio de nosotros y nos habla en las circunstancias concretas de nuestra existencia", afirmó.

En ese sentido, invitó a las familias, comunidades e instituciones a descubrir la acción de Dios en la realidad cotidiana y a mirar la historia con los ojos de la fe. "Nuestra vida personal, familiar y social está acompañada por Dios. María nos ayuda a reconocer esa presencia y a comprender que nunca caminamos solos", expresó.

El Arzobispo también profundizó en el mensaje de la segunda lectura, recordando que, por el bautismo, todos están llamados a ser hijos e hijas de Dios. Presentó a la Virgen María como modelo de esa vocación, subrayando que ella, siendo plenamente humana, respondió con fidelidad al proyecto de Dios.

"María es hija de Dios y nosotros también hemos sido llamados a ser hijos suyos. No somos huérfanos; Dios nos acompaña y María nos recuerda constantemente ese amor paternal que nunca nos abandona", manifestó.

Mons. Aparicio explicó además que la verdadera misión de la Virgen María consiste en conducir siempre hacia Jesucristo. Indicó que la profunda devoción mariana que caracteriza al pueblo boliviano encuentra su auténtico sentido cuando lleva al encuentro con el Señor.

"La Virgen no se anuncia a sí misma; nos presenta a Jesús. Ella nos conduce al fundamento de nuestra fe, al amor misericordioso de Dios y a la esperanza que sostiene nuestra vida", señaló.

Finalmente, el Arzobispo exhortó a los fieles a dejarse acompañar por Cristo de la mano de María, fortaleciendo la comunión y la fraternidad entre todos. Asimismo, agradeció a los padres carmelitas, custodios del santuario, y a los pasantes de la festividad por su entrega y servicio en la organización de esta celebración.

La Eucaristía concluyó con una oración confiando a Bolivia, a Cochabamba, a las familias y a toda la Iglesia bajo la protección de Nuestra Señora del Carmen, pidiendo que su intercesión fortalezca la fe del pueblo y lo conduzca siempre al encuentro con Jesucristo.

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