Mons. Óscar Aparicio: "El verdadero discípulo de Cristo está llamado a vivir según el Espíritu y a encontrar en Jesús el descanso para su vida"


Durante la celebración eucarística de este XIV Domingo del Tiempo Ordinario, Mons. Óscar Aparicio invitó a los fieles a asumir con decisión el seguimiento de Jesucristo, recordando que ser discípulo implica vivir según el Espíritu de Dios y dejar de lado todo aquello que aleja del Evangelio.

Al reflexionar sobre el Evangelio de san Mateo, el prelado explicó que Jesús continúa profundizando el llamado al discipulado, exigiendo una entrega total de quienes desean seguirlo. "El que no tome su cruz y me siga no es digno de mí", recordó, señalando que el Señor invita a sus seguidores a ponerlo en el centro de su vida, incluso por encima de los afectos y de las seguridades humanas.

Mons. Aparicio destacó que la Palabra de Dios presenta dos maneras de vivir: una guiada por el Espíritu de Cristo y otra marcada por la lógica del mundo. Aclaró que cuando san Pablo habla de la oposición entre el Espíritu y la carne no se refiere a un rechazo del cuerpo o de la creación, sino a dos formas de orientar la existencia: una abierta a Dios y otra dominada por el egoísmo, el poder y el pecado.

En ese sentido, explicó que renunciar a Satanás, como se hace en la profesión de fe y en los sacramentos, significa rechazar todo aquello que se opone al Espíritu de Jesús. Asimismo, advirtió que poner la confianza únicamente en la riqueza, la fama, el poder o la belleza conduce a una falsa seguridad, pues son bienes pasajeros que no pueden dar sentido pleno a la vida.

Al comentar la profecía de Zacarías, el Arzobispo resaltó que el Mesías prometido no llega como un conquistador poderoso, sino como un rey humilde y servidor, montado sobre un asno. Ese gesto, afirmó, revela el verdadero estilo del Reino de Dios: un reino de amor, fraternidad, solidaridad y servicio, que rechaza toda forma de violencia e imposición.

"El Espíritu de Jesús construye un mundo donde nos reconocemos como hermanos", expresó, invitando a las familias y a la sociedad a edificar relaciones basadas en la humildad, la sencillez y el respeto mutuo, dejando de lado el odio, la soberbia y la venganza.

En la parte final de su homilía, Mons. Aparicio meditó sobre la invitación de Jesús: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados". Señaló que estas palabras son un mensaje de esperanza para quienes atraviesan momentos de sufrimiento, enfermedad, pérdidas, dificultades familiares o incertidumbre social.

Recordó también a las personas afectadas por distintas situaciones de dolor, como los accidentes, los desastres naturales, las divisiones sociales y las tensiones que vive Bolivia, confiando en que Cristo ofrece consuelo y fortaleza a quienes depositan en Él su esperanza.

Finalmente, animó a los fieles a no desanimarse en el camino de la fe, especialmente cuando el cansancio parece vencer el deseo de hacer el bien. "Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón", recordó, afirmando que solo permaneciendo unidos a Cristo los creyentes encontrarán el verdadero descanso y la paz para sus vidas.

La celebración concluyó con una invitación a renovar el compromiso de vivir el Evangelio desde la humildad, el servicio y la confianza en Dios, haciendo presente el Reino de Cristo en la vida cotidiana y en medio de la sociedad. 

Comentarios