Durante su homilía dominical, el Arzobispo de Cochabamba invitó a los fieles a descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana, a vivir con un corazón sabio y a construir una sociedad marcada por la solidaridad, el discernimiento y el cuidado de la creación.
En su reflexión sobre las parábolas del Reino de Dios, Mons. Óscar Aparicio, arzobispo de Cochabamba, exhortó a los fieles a comprender que el Reino de Dios no es una realidad limitada únicamente a la Iglesia, sino una presencia viva que transforma el corazón de las personas y se manifiesta en la familia, la sociedad, la naturaleza y en todas las acciones inspiradas por el Evangelio.
Al iniciar su homilía, el prelado compartió una experiencia personal de sus años de formación sacerdotal, cuando respondió que el Reino de Dios era la Iglesia. Con el paso del tiempo, explicó, comprendió que el Reino de Dios trasciende las estructuras visibles y se hace presente allí donde el ser humano descubre la voluntad de Dios y vive conforme a ella.
"Cuando más conocemos a Dios a través de su Palabra, de los sacramentos y de la vida de la Iglesia, descubrimos que Él camina junto a nosotros, inspira nuestras acciones y quiere reinar en nuestro mundo, en nuestras familias y en nuestro corazón", afirmó.
Mons. Aparicio destacó que el Reino de Dios se hace visible en las obras concretas del bien, en la búsqueda de la justicia y en el cuidado de la creación. Señaló que gestos cotidianos, como proteger el medio ambiente, evitar los incendios o disponer correctamente los residuos, también expresan el compromiso cristiano con la casa común.
"El Reino de Dios no necesita definiciones; necesita ser vivido. Es un modo de vivir, un modo de actuar y un modo de hacer la voluntad de Dios", expresó.
Al reflexionar sobre las parábolas del tesoro escondido, la perla de gran valor y la red de pescadores, explicó que quien descubre a Dios encuentra el verdadero sentido de la vida y está dispuesto a entregar todo por ese tesoro incomparable.
Un corazón sabio para discernir
Relacionando el Evangelio con la primera lectura, Mons. Aparicio destacó la figura del rey Salomón, quien pidió a Dios un corazón comprensivo para gobernar con justicia, en lugar de solicitar riqueza, poder o una larga vida.
El Arzobispo afirmó que esa petición continúa siendo un ejemplo para todos los cristianos y, especialmente, para quienes ejercen responsabilidades en la sociedad.
"Necesitamos vivir en el discernimiento de la voluntad de Dios con un corazón humilde y sencillo, para que también nosotros podamos actuar con verdadera sabiduría", señaló.
Asimismo, invitó a orar por las autoridades civiles para que el Señor les conceda un corazón sabio y prudente, capaz de buscar siempre el bien común.
La solidaridad también construye el Reino
En la parte final de su homilía, Mons. Aparicio hizo un llamado a la solidaridad con el pueblo venezolano, recordando el sufrimiento que atraviesan millones de personas a causa de la crisis humanitaria y de los recientes desastres naturales.
El Arzobispo animó a las comunidades parroquiales a participar en la colecta solidaria organizada por la Iglesia, subrayando que la caridad es una expresión concreta del Reino de Dios.
Reflexionando sobre los acontecimientos recientes, lamentó que, junto a tantas personas que ofrecen ayuda generosamente, también existan quienes se aprovechan del dolor ajeno para obtener beneficios personales.
Finalmente, invitó a cada creyente a examinar su propia vida y preguntarse desde qué lugar está construyendo la sociedad.
"¿De qué lado estamos? ¿Queremos construir el Reino de Dios? ¿Queremos colaborar para que el Reino de Dios esté presente?", fueron las preguntas con las que concluyó su reflexión, animando a los fieles a vivir una fe comprometida, capaz de transformar el mundo desde el amor, la justicia y la solidaridad.

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