“Dios también se hace presente en medio del sufrimiento y la enfermedad”, señala el Arzobispo de Cochabamba
En la Eucaristía celebrada el viernes 22 de mayo en la Catedral Metropolitana San Sebastián, en memoria de las personas fallecidas a causa del VIH/SIDA, el Arzobispo de Cochabamba, Mons. Óscar Aparicio, dirigió un mensaje de esperanza, fe y consuelo, recordando que Dios permanece presente incluso en medio del dolor, la enfermedad y las situaciones más difíciles de la vida.
Durante su homilía, Mons. Aparicio destacó que Dios actúa constantemente en la historia humana y acompaña a las personas en sus sufrimientos.
“Dios sabemos que es aquel que actúa en nuestra vida. Por eso le llamamos con toda justa razón el Dios providente, el Dios de la historia, el Dios de la vida”, expresó.
El Arzobispo señaló que la celebración no debía entenderse únicamente como un acto de recuerdo, sino como un reconocimiento de la presencia salvadora de Dios en medio de quienes enfrentan la enfermedad y de las familias afectadas por ella.
“Dios, a través también de situaciones difíciles que les ha alcanzado a tantos de estos hermanos y a tantas familias, está ahí para sostener, para auxiliar, para poder también hacerse acontecimiento de salvación”, afirmó.
Dios no abandona en el sufrimientoMons. Aparicio subrayó que el sufrimiento humano no significa ausencia de Dios, sino que Cristo mismo asume el dolor de la humanidad en la cruz.
“No pensemos que Dios ha hecho como un paréntesis en medio de estas situaciones y entonces aísla a las personas o aísla a los acontecimientos de sufrimiento, sino más bien se trata que Él mismo está adentro”, manifestó.
Asimismo, reconoció las preguntas y el desconcierto que muchas veces nacen frente a la enfermedad y el sufrimiento: “¿Por qué a mí? ¿Por qué a esta familia? ¿Por qué a esta persona?”. Sin embargo, explicó que en medio de esas circunstancias también se descubre a “un Dios amoroso, misericordioso y compasivo”.
La victoria de Cristo sobre la muerte
El Arzobispo remarcó que la Eucaristía celebrada en memoria de las víctimas del VIH/SIDA es también una proclamación de la victoria de Jesucristo sobre la muerte.
“La Eucaristía que celebramos no es sólo un recuerdo, sino más bien una victoria de Jesús frente a la enfermedad, frente a la adversidad, frente también a la misma muerte”, expresó.
En ese sentido, afirmó que los fieles fallecidos participan ahora de la gloria de Dios: “Cuando hablamos de nuestros hermanos que han pasado a la casa del Padre, hablamos justamente de aquellos que también ya están en este trono glorioso”.
Un llamado a vivir el amor de Dios
Reflexionando sobre el Evangelio del diálogo entre Jesús y Pedro, Mons. Aparicio explicó que toda vida cristiana es un camino continuo de respuesta al amor de Dios.
“Pedro, ¿me amas?… Apacienta mis ovejas”, recordó, señalando que la fe se construye día a día, incluso en medio de las pruebas y limitaciones humanas.
Finalmente, pidió que Dios conceda a todos la capacidad de responder con amor y esperanza a las situaciones difíciles de la vida.
“Que a nosotros nos conceda esta iluminación, esta caridad, el poder de ir respondiendo a este amor de Jesús, presente también en nuestra vida”, concluyó.
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