La Iglesia de Cochabamba vivió con profundo pesar, pero también con esperanza cristiana, las exequias del querido sacerdote P. Marcelo Bazán, conocido cariñosamente como “Tataché”, quien falleció el pasado viernes a las 8:00 de la mañana. Sus restos fueron sepultados el sábado a las 16:00 en el Cementerio Concordia, luego de la celebración eucarística presidida por Mons. Óscar Aparicio.
Durante la homilía, el Arzobispo de Cochabamba destacó la vida y el testimonio sacerdotal del P. Marcelo, recordándolo como un hombre sencillo, profundamente humano y totalmente entregado al servicio de Dios y de los más necesitados.
“Podríamos resumir que el Padre Marcelo fue un hombre bueno, un hombre de Dios, un justo, que ha ejercido su ministerio sacerdotal en medio de nosotros”, expresó Mons. Aparicio.
Un sacerdote marcado por la entrega y el sufrimiento
El Arzobispo señaló que la vida del P. Marcelo estuvo marcada por el sacrificio, las enfermedades y las dificultades asumidas siempre con fe y alegría.
“Acrisolado por el sufrimiento, por la cruz, por el servicio, por la entrega. Todos somos testigos de tantas penurias, tantas adversidades, tantos sufrimientos dados por el bien de las familias, por el bien de los más pobres y pequeños”, manifestó.
Asimismo, recordó que el sacerdote vivió su ministerio con creatividad, cercanía y una actitud profundamente alegre, incluso en medio de las pruebas.
“Qué bien nos ha querido”
Uno de los momentos más emotivos de la homilía fue cuando Mons. Aparicio recordó el cariño que el pueblo tenía hacia el sacerdote y el amor con el que él correspondía a la gente.
“Qué bien lo hemos querido, pero qué bien nos ha querido, qué bien nos ha servido, qué bien nos ha anunciado a Jesucristo nuestro Señor y a su Madre la Virgen María”, afirmó.
El Arzobispo destacó además la profunda devoción mariana del P. Marcelo Bazán y su sencillez de corazón.
“No sólo era jocoso y divertido, también hasta ingenuo e inocente. Como un niño se abandonaba a Dios y sobre todo a la Virgen María, en una devoción de una fidelidad enorme”, recordó.
Un testigo de la resurrección
Mons. Aparicio afirmó que la vida del sacerdote fue un permanente anuncio de la esperanza cristiana y de la resurrección.
“La segunda lectura habla de la resurrección y de la promesa que Jesús nos ha dado. Palabras que han sido anunciadas con tanta constancia y fidelidad por este hombre bueno y testigo de la resurrección”, señaló.
Finalmente, el Arzobispo pidió fortaleza y consuelo para la familia, amigos y fieles que acompañaron al sacerdote durante su vida pastoral, asegurando que el querido “Tataché” continúa ahora acompañando a su pueblo desde el cielo.
“Tenemos al Tataché ya no en esta tierra, pero sí desde el cielo, nos cuida y nos seguirá ayudando siempre”, concluyó.
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