La familia, primera escuela de fe: llamado a fortalecer la catequesis en jornada penitencial de matrimonios
En el marco de la Semana Santa, la parroquia San Ildefonso y el Santuario de Urcupiña desarrollaron una jornada penitencial para matrimonios, un espacio de reflexión y conversión que puso en el centro el papel fundamental de la familia en la transmisión de la fe.
Durante la celebración, el P. Juan Carlos Molina, vicario parroquial y responsable de la Comisión de Catequesis y Biblia, destacó que la familia es el primer lugar donde nace, crece y se fortalece la vida cristiana.
“El compromiso de educar en la fe no comienza en la parroquia, comienza en el hogar”, afirmó el sacerdote, recordando que en el bautismo los padres asumen la responsabilidad de formar a sus hijos en la fe cristiana, enseñándoles a rezar, a confiar en Dios y a vivir los valores del Evangelio.
En este sentido, subrayó que la catequesis parroquial es un complemento esencial, pero nunca sustituye la misión formativa de la familia. “Se confía en que los padres enseñen a sus hijos a acudir a Dios en toda necesidad, a reconocer la presencia de la Virgen María y a vivir valores como el respeto, la obediencia y el amor”, señaló.
El P. Molina explicó que la preparación para la Primera Comunión permite que los niños, a partir de los 10 años, comprendan el valor de la Eucaristía como alimento espiritual que sostiene la vida cristiana. De igual manera, la Confirmación, dirigida a jóvenes desde los 15 años, fortalece su compromiso con la fe y con la Iglesia.
Sin embargo, insistió en que estos procesos solo tienen verdadero fruto cuando están acompañados por el testimonio de los padres. “No basta inscribir a los hijos en catequesis; es necesario caminar con ellos, vivir la fe en familia y participar juntos en la vida de la Iglesia”, remarcó.
En el contexto de la jornada penitencial, el mensaje cobró un sentido aún más profundo, al invitar a los matrimonios a revisar su vida espiritual y su misión como padres. La reconciliación, propia de este tiempo litúrgico, se presenta así como una oportunidad para renovar no solo la relación con Dios, sino también la vida familiar.
“La familia es la primera comunidad donde se aprende a amar, a perdonar y a creer”, enfatizó el sacerdote, animando a los esposos a ser testimonio vivo de fe para sus hijos.
Asimismo, hizo un llamado a los padres a asumir con responsabilidad la formación cristiana de sus hijos, inscribiéndolos en la catequesis y acompañándolos activamente en su proceso. “Una Iglesia viva necesita familias comprometidas, que eduquen a sus hijos en la fe y los preparen para recibir los sacramentos”, sostuvo.
La jornada penitencial se vivió como un espacio de gracia para los matrimonios, quienes pudieron reflexionar sobre su vocación, fortalecer su compromiso y renovar su misión dentro de la Iglesia y la sociedad.

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